Los vinateros hispanos se abren paso en EU

SONOMA, California, EU ( AP). Reynaldo Robledo tenía sólo 16 años cuando llegó a Estados Unidos proveniente de un pequeño poblado en las montañas de México, y comenzó a trabajar por 1,10 dólares la hora en los viñeros del norte de California.

Ahora tiene 59 años, y Robledo se ha convertido en uno de los pocos hispanos estadounidenses que poseen sus propias empresas de vinos y que han hallado acogida entre un mercado latino ansioso de degustar bebidas de calidad y de mantener un vínculo con sus raíces.

" Yo trabajaba mi turno normal y después le caía a preguntas al gerente hasta que yo lo sabía todo", dijo Robledo.

El Vinatero de los Robledo actualmente vende 20,000 cajas de vino mediante un club de clientes, su sitio de internet y tiendas independientes con lo que obtiene alrededor de un millón de dólares al año. Ofrece todo tipo de vinos, desde un Cabernet Sauvignon del 2003 que cuesta 150 dólares, hasta productos de sólo 20 dólares.

Esau Herrera, de la Asociación de Vinateros Hispanos, dice que la cantidad de vinateros hispanos es pequeña pero está creciendo. El éxito radica en parte en que los clientes hispanos anhelan mantener nexos con su tradición culinaria.

" Hay gente como yo que está muy orgullosa de sus raíces y que no le importa pagar 125 dólares por una botella de vino", expresó Herrera.

El crecimiento del consumo de vino entre los hispanos ha sido mayor al de cualquier otro grupo étnico, según un estudio realizado en el 2006 por el Wine Market Council, una asociación gremial sin fines de lucro.

El estudio halló además que los hispanos prefieren vinos importados, especialmente de Chile y Argentina, y la industria estadounidense está pensando en cómo satisfacer esa demanda.

" Siempre hay lugar para el vino siempre y cuando sea buen vino", dijo Amelia Ceja, presidenta de los Viñedos Ceja en Napa. Al igual que Robledo, Ceja y su esposo trabajaron en los viñateros de niños.

La mitad de los clientes del Viñatero de Ceja son hispanos y son un mercado muy fiel, dice Ceja quien suele promover su producto organizando cenas en que ofrece vinos de su propio cultivo.

" La comida mexicana es una de las más sofisticadas del mundo", comentó. "Queremos borrar esa imagen elitesca que tiene la cultura del vino y estamos moldeando esa industria".

Muchos latinos consideran el vino como una bebida reservada para ocasiones especiales, pero los vinateros hispanos en Estados Unidos están tratando de venderlo como un acompañante común.

En septiembre, el Vinatero de los Robledo organizó un evento para celebrar el bicentenario de la independencia de México, con música y encuentros al pie de las colinas del viñero familiar. Los organizadores develaron dos nuevas marcas de vino en honor a dos próceres de la independencia mexicana: un Riesling y una mezcla de Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Merlot.

El cónsul mexicano en San Francisco, Carlos Félix, vino especialmente para la ocasión.

" California y México nacieron juntos", expresó Félix. " Uno de los elementos más profundos que tenemos es esta relación bicultural y esta familia es ejemplo de ello".

Fabiola Sotomayor, oriunda de Ciudad de México, vio un volante que publicitaba el evento en un parque en Sonoma cerca de su casa y quedó intrigada por la historia de esta familia.

" En parte es que se trataba de una familia mexicana que no solamente se quedó trabajando la tierra. Uno se cansa de escuchar esas historias de inmigrantes, pero ellos hicieron más que eso, hicieron lago impactante", expresó Sotomayor.

Para muchos inmigrantes, ser terrateniente es un sueño. Pero los terrenos en la zona vinícola de California no son nada económicos. Robledo fue campesino durante décadas y eventualmente fundó su propia compañía con sus hijos y juntos ahorraron para comprar 5 hectáreas (14 acres) de Pinot Noir.

Fue apenas en 1997 _ con nueve hijos y casi 30 años después de haber llegado a Estados Unidos _ que Robledo vendió su primera botella de vino.

El esposo de Ceja, Armando Ceja, había recibido educación formal y ello les ayudó. Luego de trabajar en viñedos durante años, se graduó en enología y vinicultura de la Universidad de California en Davis y trabajó como gerente para otras compañías de vino.

En 1983 él, su esposa y la familia de ella reunieron todos sus ahorros y compraron sus primeras seis hectáreas (15 acres) en la región de Carneros. Cinco años después recogieron su primera cosecha y hoy poseen 46 hectáreas (113 acres).

En los viñeros de los Robledo, aun hoy se le puede ver a Reynaldo merodeando por el campo bajo su sombrero de vaquero Stetson, inspeccionando los cultivos. En el salón de degustar se exhiben cuadros de arte mexicano, retratos familiares y un menú enmarcado, correspondiente a una cena en la Casa Blanca realizada hace unos meses en que se sirvió el vino de Robledo.

Pero Robledo insiste en que su orgullo más grande es su familia, que hoy incluye 17 nietos. Todos viven cerca el uno del otro, y varias de las marcas de vino llevan los nombres de los chicos.

"No sólo continuamos con el nombre sino que continuamos con el negocio", expresó Jenaro Robledo, de 31 años y uno de los hijos de Reynaldo. " Esperamos que siga creciendo, de generación en generación".

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