Brasil: Justicia autoriza símbolos religiosos en Carnaval

RIO DE JANEIRO (AFP). A doce días del inicio del Carnaval más conocido del mundo y tras años de polémica, la Justicia de Rio de Janeiro revocó un decreto municipal que prohibía la utilización de símbolos sagrados católicos en los desfiles.

Los magistrados estimaron que el decreto de 2007 que prohibía la utilización de crucifijos o estatuas de santos en las alegorías -en muchas de las cuales aparecen mujeres casi desnudas- constituía una violación a la libertad de expresión y era una "censura previa".

El servicio de prensa del arzobispado de Rio, consultado por la AFP, declinó comentar el fallo.

El presidente de la Liga Independiente de Escolas de Samba que organiza los desfiles en la gran avenida del Sambódromo, Jorge Castanheira, afirmó que las escuelas de samba seguirán respetando la prohibición del Código Penal de "vilipendiar públicamente los objetos de culto".En este país con el mayor número de católicos del planeta, los problemas con la Iglesia surgieron en 1989, cuando la escuela Beija Flor colocó sobre un carro alegórico lleno de mendigos una réplica de la estatua del Cristo Redentor, símbolo de Rio. La iglesia protestó y la estatua fue cubierta con un gran velo negro con una inscripción que rezaba: "¡Incluso prohibido, mírenme!".

Desde entonces, las escuelas de samba practican una autocensura reforzada con el decreto de 2007.

En Sao Paulo, al inicio de la década pasada, una gigantesca versión de la Pietá de Michelangelo, en la que Jesucristo en brazos de la vírgen era representado por un indígena, también fue censurada por presión de la Iglesia.

Los escenógrafos (llamados "carnavalescos") de las 'escolas de Samba', festejaron la decisión judicial de liberar los símbolos religiosos.

El historiador Luis Antonio Simas destacó que símbolos religiosos indígenas y africanos son admitidos en los desfiles, y sólo los católicos eran prohibidos.

"El carnaval está vinculado a la cultura afrobrasileña. La censura es una herencia del comportamiento de una élite que todavía experimenta repulsa por el pasado amerindio y africano" de Brasil, declaró al diario Jornal do Brasil el escritor Alberto Mussa, quien recordó que, hasta 1920, cantar samba era delito.

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