Almodóvar, el cineasta que reinventó una España tolerante y kitsch

El español Pedro Almodóvar, que presenta este martes en Cannes "Julieta", describió en 36 años de cine y 20 películas muy coloristas todo un aspecto de la liberación de una sociedad, convirtiendo a sus estrafalarias heroínas en clásicos.

Su revuelta mata de pelo ha encanecido y, a sus 66 años, Almodóvar debe ahora, a menudo, defenderse de no ser tan "almodovariano" como querrían algunos críticos y espectadores, ya que su nombre ha sido durante largo tiempo sinónimo de películas corrosivas y "guarras", de un humor atrevido y de transgresión.

Tras el éxito de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" (1988), extravagante vodevil que lo lanzó al primer plano internacional, el periodista Bernard Pivot enumeraba en 1992 en la televisión francesa todos los temas abordados en la película: "masoquismo, homosexualidad, masturbación, droga, pornografía, ataques a la religión".

"Todos estos temas que se consideran tabú pertenecen a mi vida, no los considero prohibidos ni escandalosos", respondía entonces Almodóvar, apodado el "'enfant terrible' de la Movida", la liberación socio-cultural que sucedió a la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.

Bastaron unos pocos años para que este madrileño --gay declarado-- se convirtiera en la encarnación de una España moderna y tolerante, en parte inventada por él mismo.

Nacido el 24 de septiembre de 1949 en la árida región de La Mancha, en el centro de España, Pedro Almodóvar Caballero habla poco de su padre - un arriero que desaparecía semanas enteras para ir a vender vino - muerto el año de su primera película en 1980.

Pero, su madre ha sido la gran figura de su vida y la maternidad uno de sus temas predilectos.

" Mi pasión por el color es la repuesta de mi madre a tantos años de luto y negrura contra natura, fui su venganza contra la monocromía impuesta por la tradición", afirmó en 2004 durante una entrega de premios en Francia.

Pedro tiene 16 años cuando se independiza para ir a Madrid. La escuela de cine estaba todavía "cerrada por Franco", por lo que es en la cinemateca donde descubre a sus maestros, de Hitchcock a Bergman pasando por Buñuel, relató en enero a unos estudiantes madrileños.

Mientras trabaja como administrativo en la compañía de teléfonos pública, este joven homosexual se lanza de cabeza al "underground" madrileño, se entrega al "punk-glam-rock" y, desde 1974, empieza a rodar "peliculitas de super 8".

Su primer largometraje, "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón", parece una alegre foto-novela erótica, con heroínas desinhibidas o en vías de serlo.

Rodará los 19 siguientes en su país, donde son apreciados en distinto grado.

En la mayor parte de ellos, los protagonistas son los personajes femeninos, apasionados, obstinados, que tienen que reinventarse para afrontar las crisis y las sorpresas improbables que Almodóvar introduce invariablemente en sus guiones.

Es también uno de los primeros en poblar con transexuales y travestis sus obras humanistas y de estética kitsch.

En los últimos cinco años, Almodóvar pasó de un thriller, "La piel que habito" a una comedia loca, "Los amantes pasajeros", y al drama puro, "Julieta", nombre de una madre a la que abandona su hija.

Para explicar esta nueva seriedad, habla a menudo de su propia vida de hombre solitario y que envejece, recluido con gato y "fantasmas".

Almodóvar ha estado cinco veces en competición oficial en Cannes, sin haber ganado nunca la Palma de Oro.

Pero, dos de sus mayores éxitos se vieron recompensados con sendos Oscars: los melodramas " Todo sobre mi madre" y "Hable con ella".

Hace una década, "Volver" recibió en Cannes el premio al mejor guión y a las mejores actrices para el conjunto de sus intérpretes femeninas, entre ellas sus musas Carmen Maura y Penélope Cruz.


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