Hermosa "2049" rompe el encanto de "Blade Runner"

“Todos buscamos algo real”, dice la capitana de policía interpretada por Robin Wright en "Blade Runner 2049".

Wright, una actriz dura y fría como el acero que parece haber surgido del mundo de "Blade Runner", le está hablando a su detective replicante KDC-3-7, o "K" (Ryan Gosling). Pero el diálogo resuena más allá de la realidad robótica de "Blade Runner". ¿Qué cinéfilo contemporáneo no estaría de acuerdo?

La cinta original de 1982 dirigida por Ridley Scott es una historia de ciencia ficción y suspenso surgida de la aterradora premisa de la novela de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", sobre el horror de no saber si eres o no real. Sus superficies engominadas y el sintetizador de la música de Vangelis, sin mencionar el cabello de Daryl Hannah y algunas hombreras enormes, hicieron de "Blade Runner" un retrato eléctrico de la falta de alma de los 80. Su grandeza futurista venía con un gesto de desdén cínico.

Denis Villeneuve desarrolló una secuela profundamente respetuosa, que sucede 30 años después y que preserva gran parte de su ADN original. La fotografía de Roger Deakins es definitivamente hermosa, llena de líneas perpendiculares, destellos naranja y manchas de luz amarilla. Gosling es un merecedor heredero de Harrison Ford y comparte la inclinación de su predecesor por el control y la superficialidad.

Pero a pesar de que "Blade Runner 2049" es algo que vale la pena ver, un guion demasiado elaborado y otros pocos malos hábitos comunes en las secuelas de hoy, como la promoción productos y marcas, rompen el encanto de “Blade Runner".

Sería demasiado duro calificar a "2049" contra la original, en especial cuando hay tantos imitadores que han diluido su atractivo distópico. Pero a pesar de que "2049" todavía se destaca del montón, carece del misterio de la primera (o por lo menos de la edición del director). Este modelo actualizado, con una actitud menos punk, pretende atar cabos e iluminar fondos que quedaron a oscuras en la original.

Hay indicios, uno teme al ver "2049", de que se está construyendo un “universo cinematográfico” con esta historia. Scott es productor en esta ocasión y también metió la cuchara en el desarrollo de la cinta junto con Hampton Fancher (quien escribió la película con Michael Green). Scott en vez se fue a dirigir "Alien: Covenant" pero parece haber cierto tejido conectivo entre ambas franquicias. Ciertamente comparten referencias a la mitología de la creación e imágenes cristianas, junto con monólogos sobre ángeles y demonios (en el caso de “2049” presentados por Jared Leto en el papel del visionario de ojos locos Al).

En general la nueva entrega se aleja de lo que es, en esencia, una buena historia de detectives. Al igual que el Rick Deckard de Ford, K es un Blade Runner en busca de replicantes obsoletos para “retirarlos”. Pero mientras la identidad de Deckard estaba disponible, según a quién se le preguntara, K es definitivamente un replicante. Es sometido a interrogatorio después de cada misión para establecer que no ha comenzado a desarrollar sentimientos. Por ejemplo, le preguntan cómo se siente cuando abraza a un bebé. La respuesta correcta: “interconectado”.

Poco de Gosling sugiere que sea un androide. En lo personal prefiero a su detective vivo y suelto de "The Nice Guys" (“Dos tipos peligrosos”), pero su naturaleza entra en juego en la película. Estamos convencidos de que K es algo más, especialmente cuando, durante una misión, se tropieza con los restos de una mujer replicante que al parecer murió al dar a luz.

De acuerdo con el personaje de Wright, la reproducción de los replicantes “acabará con el mundo”. Los humanos ya no tendrán el control sobre la fuerza laboral barata y desechable, por lo que surgiría una rebelión. Si "Blade Runner" era la pesadilla de no tener alma, "2049" es el sueño de ser real, con un Pinocho vestido de cuero en un auto volador. La búsqueda del niño de hace 20 años lleva a K a lugares extraños.

Las dudas sobre la autenticidad aparecen en otros lados también. La única compañera de K es una mujer digital llamada Joi (Ana de Armas), un holograma anunciado como “lo que sea tu fantasía”. Él empieza a creer en su relación, solo para desilusionarse ante un anuncio publicitario de Joi. A K le recuerdan una y otra vez que cualquier sentimiento de peculiaridad es imaginario o un ardid de mercadotecnia.

Esa es una pregunta que se hace la película de Villeneuve cuando un holograma de Elvis canta mientras hay una pelea en un salón en Las Vegas. El mismo Harrison Ford está ahí físicamente, pero viene de una franquicia de "Star Wars" que ha revivido a actores, incluso a actores muertos, en versiones digitales más jóvenes.

“Blade Runner 2049" reflexiona discretamente sobre su propia existencia entre las cintas taquilleras de la actualidad: ¿puede una película de replicantes ser real?

Hay muchas cosas agradables en "2049", pero al igual que "Alien: Covenant" se siente demasiado cautivada por su perfume embriagador. Hasta el “Pálido fuego” de Nabokov tiene un cameo. Quizá "Blade Runner" tenía complejidades a flor de piel, pero es difícil estar en desacuerdo con el personaje de Ford cuando le dice a K: "Alguna vez hice tu trabajo y entonces era más simple”.

"Blade Runner 2049" de Warner Bros. tiene una calificación R, que requiere que los menores de 17 años vayan acompañados de un adulto, por algunas escenas de violencia, sexo, desnudos y lenguaje soez. La AP le da dos estrellas y media de cuatro.

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