Juan José Campanella: "Uno se emociona más en el cine que en su casa"

Como si Lubitsch o Billy Wilder se cruzaran con los Estudios Ealing londinenses. Así describe el argentino Juan José Campanella su última película, "El cuento de las comadrejas", una comedia negra, de personajes, con diálogos punzantes y vueltas de tuerca inesperadas que llega este viernes a los cines españoles.

El ganador de un Oscar por "El secreto de sus ojos" (2009) rinde así su personal homenaje a las películas "como las de antes", cuando "uno iba al cine a ver una historia más grande que la vida", según explica a Efe durante una visita promocional a Madrid.

"Mucha gente piensa que el cine se ha quedado para el gran espectáculo, sin darse cuenta que también es para las grandes emociones, porque uno se ríe más en el cine que en su casa, se emociona más en el cine que en su casa", señala el director de "El hijo de la novia" (2001).

"Pero cuando salen películas de seres humanos sin poderes especiales, se espera que ese cine se vea en casa, entonces se hacen menos y todo lo que se estrena son películas para chicos o gente con superpoderes", lamenta.

"El cuento de la comadreja" es su primera película con actores de carne y hueso desde "El secreto de sus ojos", es decir una década. Entre medias estrenó la taquillera "Metegol" (2013), precisamente una cinta de animación familiar.

"De las tres cosas que hago -teatro televisión y cine-, en el cine es donde tengo la vara más alta de requisitos: me tiene que gustar mucho la historia, pensar que durará muchos años, que en 30 o 40 años se pueda seguir disfrutando y que me entusiasme personalmente", justifica.

Su nuevo trabajo es en realidad una adaptación de la argentina "Los muchachos antes no usaban arsénico" (1976), de José Martínez Suárez. La primera versión la escribió en 1997 y en este tiempo ha ido mutando.

"He agregado más humor, más concisión, más giros, pero lo mejor que pasó en estos años de desarrollo es que los personajes pasaron de ser glorias del cine de los 50 a ser de los 60 y 70, que son mucho más divertidos, tienen más sexo, drogas y rock and roll a sus espaldas, son tipos 'cool', transgresores y políticamente incorrectos", describe.

La historia, con claras resonancias a "El crepúsculo de los dioses", es la de una diva en el ocaso de su vida, que pasa los días encerrada en su mansión añorando su época dorada.

La diferencia con respecto a la Norma Desmond de Billy Wilder es que Mara Ordaz (Graciela Borges) está bastante más cuerda y vive acompañada de su marido, un actor retirado (Luis Brandoni), un guionista frustrado (Marcos Mundstock) y un viejo director también retirado (Óscar Martínez), que ponen las dosis de cinismo y humor retorcido.

Su mundo se ve amenazado ante la llegada de dos jóvenes aduladores con oscuras intenciones, interpretados por la española Clara Lago, que vuelve a demostrar su dominio del acento argentino después de "Al final del túnel" (2016), y Nicolás Francella.

"Mi personaje es la villana, y se presenta como tal al principio de la película, tiene una entrada maravillosa", subraya Lago, que considera "El cuento de la comadreja" una auténtica "oda al cine" y una visión muy "tierna" de lo que ocurre con los actores y el ego.

"Especialmente con las actrices, que sufren una mayor presión con el tema del envejecimiento", señala, "pero el enganche al ego es fácil que le pase a cualquiera que se dedique a esto, por eso es tan importante que los actores hagamos mucha terapia", añade entre risas.

Además de ser un homenaje al cine, "El cuento de la comadreja" confronta a dos generaciones y dos visiones del mundo, los que están dispuestos a todo para tener más y los que están dispuestos a todo para pasarlo mejor y disfrutar de cosas no materiales. Aunque estos últimos no son tan románticos ni inocentes como pudiera parecer.

Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes