Oliver Laxe trae a Cannes la historia de un pirómano en la Galicia de sus raíces

El cineasta español Oliver Laxe regresa a Cannes con una película sobre un pirómano y el carácter "paradójico" del fuego, "bello y cruel", una historia filmada en el corazón de Galicia, la tierra de sus orígenes.

Después de ganar el premio de la Semana de la Crítica con "Mimosas" hace tres años, Laxe vuelve a La Croisette con "O que arde", sobre un pirómano que regresa a la casa de su madre, en una aldea perdida de esta región del noroeste de España, donde los incendios hacen mella.

El cineasta, atraído por las llamas de forma "obsesiva" por su poder estético, explica que el fuego tiene un doble carácter "paradójico", "bello y cruel, capaz de lo mejor y de lo peor". Una dualidad que le sirve para "profundizar en la complejidad del ser humano".

En el filme, se suceden impresionantes imágenes de bosques frondosos, intercaladas por escenas de la vida en el pueblo. Todo parece transcurrir apaciblemente hasta que el fuego vuelve a irrumpir en la aldea.

Amador, un hombre de aspecto lánguido y cansado, acaba de purgar una pena en la cárcel. Decide volver con su madre, Benedicta, una mujer cincelada por la vida en el campo. Con ella, retoma las tareas rurales.

"Me interesan las figuras un poco parias, rechazadas por la sociedad", admite el cineasta en una entrevista a la AFP.

A propósito del protagonista, "no se trata de juzgarlo, se trata de entenderlo y de parar la cadena del dolor", prosigue.

Amador Arias, antiguo guarda forestal que encarna al pirómano, tiene una mirada misteriosa y una expresión atormentada que permiten sentir "que la culpa no es de él, que es del mundo, de este mundo histérico y demencial" en el que vivimos.

Benedicta, un personaje inspirado en su abuela y su madre, es una mujer que acepta las circunstancias que le han tocado vivir, con un hijo pirómano que está de vuelta y que no siempre es bien visto por los vecinos.

Durante la entrevista, el director, de 37 años, se toma su tiempo para explicar lo que llama la "soberana sumisión", una manera de vivir serenamente aceptando lo que te da la vida.

Se remite a sus abuelos para aclarar el concepto.

"Mis abuelos me marcaron", cuenta. "Me hablaban de pequeños infortunios, accidentes, desgracias, y lo hacían con mucha aceptación y desapego, sin dramatismo (...) Les tocó nacer allí, el camino les ofreció ciertas cosas y ellos lo aceptaron".

"Les sigo viendo como maestros, es gente libre", insiste.

Después de pasar una década en Marruecos, donde hizo sus dos anteriores películas, "Todos vosotros sois capitanes" (que también fue premiada en la Quincena de los Realizadores de Cannes) y "Mimosas", Laxe, nacido en Francia de padres gallegos, tenía ganas de regresar a Galicia, donde ahora se ha instalado.

Rodar allí fue una "bendición", revela.

Además de permitirle enraizarse más en la tierra de sus abuelos, volver a sus orígenes ha sido una "invocación sana".

"Una de las necesidades que tenemos todos es limpiar, equilibrar nuestros vínculos con nuestros ancestros. No vamos a tener relaciones amorosas sanas si no hay un trabajo de conciencia con nuestros padres y antepasados", advierte.

Además, "O que arde" forma parte de un proyecto que va más allá del cine, explica Laxe, que quiere luchar contra la despoblación rural en Galicia, con proyectos de desarrollo rural, pedagogía y de agricultura ecológica.

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