La fabulosa vida de Alí Bey llega a la pantalla grande

Genial espía, orientalista, astrónomo, filósofo, y aventurero, Alí Bey fue un personaje de leyenda del siglo XIX, adulado por las cortes reales de la época, y que ahora llega a la pantalla grande.

El extraordinario destino del catalán Domingo Badía y Leblich, alias Alí Bey el-Abbassi (1767-1818), será llevado en breve al cine por el famoso cineasta marroquí Souheil Ben Barka, que a los 74 años marcará un sonado regreso tras quince años de ausencia.

"Es asombroso pero hasta ahora no se había rodado ninguna película sobre Alí Bey", explica a la AFP Ben Barka, entre dos tomas del rodaje de su largometraje "El sueño del califa".

"Hace unos años, unos productores españoles me propusieron hacer una película sobre este misterioso personaje", relata. "Yo había leído sus relatos de viaje por Marruecos. El libro me aburrió. Era una serie de banalidades sobre la vida cotidiana en la corte del sultán".

"Más tarde, descubrí la vida novelesca de este espía enviado por la España de Carlos IV para derrocar al sultán", confía el cineasta.



Catalán de nacimiento, oficial del Ejército español, Badía hablaba cinco idiomas, era filósofo y astrónomo, y "cautivó a los grandes sabios de la época, tanto en París como en Londres", explicó a la AFP Christian Feucher, autor del libro "Alí Bey, un viajero español en tierras del Islam", editado en Francia por L'Harmattan.

Deslumbró a Chateaubriand en un primer encuentro en Egipto y en 1807 fue uno de los primeros europeos en visitar La Meca, "cincuenta años antes que el famoso Richard Burton", traductor de las "Mil y Una Noches", destaca Feucher.

Era "ambicioso, valiente y culto. Se veía ante todo como un explorador, antes de cambiar sus planes y de aspirar a convertirse en sultán en sustitución del sultán de Marruecos", donde gozaba de "un prestigio extraordinario".

"Era un seductor, nadie se le resistía", agrega Ben Barka. Murió en Siria, camino a La Meca, "envenenado por su amante Lady Hester Stanhope, una aristócrata británica convertida al islam y profetisa mesiánica en tierras drusas -hoy parte de Líbano y Siria- que no soportó enterarse de que su héroe era un espía", según el realizador.

En realidad murió de disentería, a pesar de un remedio a base de ruibarbo tostado prescrito por un médico francés de Damasco, asegura por su parte Feucher.

Fue Talleyrand, entonces ministro de Exteriores del emperador Napoleón, quien imaginó la falsa identidad que cubriría su actividad de espía: sería un príncipe del califato abasí, nacido en Siria y criado en Europa, cuyo padre había sido expulsado por los otomanos.

El orientalismo estaba de moda. Alí Bey, con los bolsillos repletos de dinero, recibe como misión, bajo la apariencia de un viaje científico, de sublevar a las tribus locales contra el sultán de Marruecos, que se convierte en íntimo amigo.

De regreso en Europa, trabaja para Napoleón en España. Acusado de traición a la patria, halla refugio en Francia, para convertirse de nuevo en explorador, esta vez al servicio de Luis XVIII. Muere finalmente camino a La Meca, desde donde contaba lanzarse al descubrimiento de África.

¿Cómo resumir en dos horas la increíble historia de Alí Bey? "Escribiendo un buen guión", contesta Ben Barka.

Fueron necesarios más de tres años para redactarlo. "Una historia de amor y espionaje", resume el cineasta.

El rodaje debutó en febrero en Italia. Continuó luego en Marruecos y concluía esta semana. Se filmó en estudios de Uarzazat, en la dunas desérticas de Merzouga, las ruinas antiguas de Volubilis y los patios de Rabat y Casablanca.

En una de las jornadas del rodaje, Alí Bey, interpretado por el actor español Rodolfo Sancho, visita Qarawiyyin, la biblioteca más antigua del mundo, en Fez. Se abre camino entre los preciosos y polvorientos manuscritos apilados en el suelo.

El rodaje se desarrolla en realidad cerca de Rabat, en un museo privado que aloja innumerables tesoros, maquillado para la ocasión por espacio de unas horas como la mítica biblioteca.

Asistentes, decoradoras y maquilladoras se ajetrean en medio del caótico entorno que atraviesa con paso soberano Alí Bey, vistiendo mameluco y turbante, bajo la mirada atenta de Ben Barka.

El estreno de esta coproducción internacional, cuyo presupuesto asciende a 15 millones de euros, está previsto a fines de 2018 en unos cuarenta países y en cinco idiomas. El director ya fue contactado por productores que quieren hacer una serie para la televisión.

La película marcará el gran retorno de Ben Barka, desde su última película de 2002, "Los amantes de Mogador". Figura importante del cine africano, realizador de siete largometrajes, recibió numerosos premios internacionales.

"Sigo siendo un artesano del cine --dice sonriendo-- "que tuvo la suerte de poder hacer películas que le apasionan".


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