Alma de Carnaval de Río también está en fiestas callejeras

RIO DE JANEIRO (AP). En una calle en del barrio playero de Ipanema, el travesti Juju Maravilha, con un vestido dorado y verde y un tocado de plumas amarillas, necesita menos de cinco segundos para ponderar la respuesta a una pregunta.

"¿El alma del Carnaval? Está aquí, querido", responde, apuntando hacia una multitud de miles de personas reunidas para una de las más de 200 marchas informales en las calles de Río de Janeiro que dan vida a la bacanal anual de música, carne, baile y bebida.

El Carnaval de Río, un evento que sirve de escaparate mundial para la ciudad, es indudablemente el desfile de dos noches organizado tradicionalmente por las escuelas de samba, un espectáculo adornado con miles de tambores, bailarines y carrozas diseñadas minuciosamente que cuestan más de 2,5 millones de dólares cada una.

Sin embargo, los residentes y algunos turistas conocedores afirman que el verdadero centro del Carnaval está en las fiestas, conocidas como "bandas", que tocan las mismas canciones tradicionales cada año, y en los "blocos" que mezclan la música cada vez. Los boletos para el desfile de las escuelas de samba por el Sambódromo pueden costar más de 1,000 dólares, pero con estas fiestas gratuitas, la principal atracción turística de Brasil es accesible a todos.

"Los orígenes del Carnaval están en las calles", afirmó Paulo Montenegro, un abogado de 48 años que participó en un bloco del viernes titulado "Golpéame, que estoy deseoso". "Por eso los blocos son tan importantes: Son gratis, democráticos y transmiten las tradiciones del Carnaval".

Aunque los primeros desfiles callejeros del Carnaval comenzaron oficialmente el viernes, las fiestas han estado al 100% desde hace tres semanas.

Los blocos de Río son una tradición que se remonta a unos 100 años y existen en todas partes de la ciudad de 6 millones de habitantes. La elite organiza fiestas rumbosas en hoteles de lujo, pero los blocos están abiertos a cualquiera que se presente con una sonrisa y los pies listos para bailar.

"Es la parte más bonita del Carnaval y aquí usted verá a todas las tribus", dijo Joao Jadiole, un ingeniero mecánico de 35 años mientras bailaba descamisado detrás de la Banda de Ipanema, con una lata de cerveza en cada mano. "La banda es paz, amor, vida, vitalidad, todo lo que es maravilloso de esta ciudad".

Una adulta mayor, Irane Carneiro, que rechazó revelar su edad pero parecía tener más de 60 años, vestía una minifalda roja, una blusa dorada, por lo menos dos kilos de collares de cuentas, un tocado de plumas y mucho maquillaje. Carneiro explicó la importancia del evento anual, al que ha asistido desde su infancia.

"Si a una persona le gusta estar contenta, vivir la vida, dejar atrás sus problemas y tomar la calle con miles de amigos en un momento donde todo es maravilloso, entonces entenderá la verdadera cara del Carnaval de Río de Janeiro", aseguró.

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