Armie Hammer marca distancias con su propia popularidad

Teniendo en cuenta que los primeros años de carrera en una profesión de marcado carácter público pueden verse acompañados por fuertes dosis de inseguridad, resulta comprensible que el actor Armie Hammer acabara obsesionándose hasta cierto punto con la impresión que el público pudiera tener de él y, en consecuencia, con la labor de proyectar siempre la mejor versión de sí mismo en el caso de que hubiera que cambiar ciertas percepciones.

Sin embargo, ahora que el intérprete estadounidense se ha consolidado como uno de los valores seguros de la industria de Hollywood y, por tanto, goza de mayor estabilidad en lo que a su autoestima se refiere, esas constantes búsquedas que solía realizar en Google o en redes sociales como Twitter para conocer opiniones ajenas sobre su trabajo se han reducido al mínimo, sobre todo porque muchas de ellas no son siquiera fiables.

"Con el tiempo me he dado cuenta de que hay que poner ciertas barreras emocionales. Además, pienso que en muchas de las comunidades que hay en internet, como Twitter, buena parte de la gente solo necesita desahogarse sobre sus propias frustraciones y hacérselas pagar a otros. Sinceramente, no quiero formar parte de esas dinámicas", ha manifestado el protagonista de "Call Me By Your Name" antes de confirmar que ya no cuenta con una alerta de Google que le avise de las noticias que aparecen sobre su persona.

"No, no, no, eso se acabó. Tenía una alerta con mi nombre en Google y me buscaba muchísimo en Twitter. Y la verdad es que solo me aportaba ansiedad, nada bueno, así que pensé: "Bueno, creo que será mejor no meterme en esto". Si no usas Google y no te enteras de ciertas cosas, es como si estas no existieran", ha añadido en su entrevista a Vulture.

Ahora que no le da tanta importancia a la repercusión pública que pueda desprenderse de sus acciones, el artista de 32 años se permite el lujo de abordar en sus intervenciones mediáticas temas potencialmente controvertidos al menos para los más reaccionarios y conservadores como el debate que ha venido girando en torno a los privilegios de los que siguen disfrutando aquellos pertenecientes a la mayoría blanca de Estados Unidos.

"Hay mucha gente blanca que ejerce su privilegio de muchas formas, ya sea intencional y conscientemente o no. Yo no puedo sentarme aquí y decir: 'Ser blanco no me ha ayudado en absoluto en mi carrera'. No puedo decir algo así porque no sería justo, y reconocer lo obvio no es incompatible con reivindicar todo el esfuerzo y el trabajo que he tenido que hacer para llegar adonde estoy", explicaba en una sincera entrevista a la edición británica de la revista GQ.

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