Enrique de Inglaterra y su prometida reciben la "bendición" antes de su boda

Solo unas semanas después de que en los mentideros reales se diera por hecho que Isabel II ya había tenido la oportunidad de conocer personalmente a la prometida de su nieto Enrique, la actriz estadounidense Meghan Markle y, de que, hace solo unos días, se especulara con la posibilidad de que los dos enamorados estuvieran viviendo oficialmente juntos en Londres, parece que cada vez está más cerca esa esperada -pero todavía hipotética- boda con la que los dos enamorados podrían sellar definitivamente su amor.

Y es que como se desprende ahora de las últimas informaciones a las que ha tenido acceso el diario británico Daily Express, la pareja habría cumplido también con uno de los trámites imprescindibles para poder celebrar una boda real de la que sean partícipes todos los ciudadanos británicos: recibir el permiso y la "bendición" del arzobispo de Canterbury para que el enlace tenga validez a ojos de la Iglesia de Inglaterra.

Según fuentes cercanas a la casa real, Enrique y Meghan se habrían reunido ya con el actual primado y 'líder espiritual' de la congregación fundada por Enrique VIII, Justin Wellby, para cerciorarse de que cuenta con su apoyo de cara a una ceremonia cuyo escenario todavía no está definido, pero del que se barajan tres opciones principales: la Abadía de Westminster -donde contrajeron matrimonio tanto su hermano Guillermo en 2011 como la propia monarca en 1947-, la Catedral de San Pablo -donde hicieron lo propio sus padres en 1982- y la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor.

Aunque el mencionado Justin Wellby no habría puesto objeción alguna a la unión matrimonial entre Enrique y Meghan, especialmente desde que la Iglesia Anglicana confirmara que permitiría una hipotética boda en la Abadía independientemente del anterior estado civil de cualquiera de los contrayentes -Meghan Markle estuvo casada con un productor de televisión-, las mismas fuentes aseguran que la pareja tendrá que obtener primero la imprescindible 'licencia matrimonial' y, por tanto, asistir a una especie de curso prematrimonial en la misma oficina del prelado.

De momento, ni el arzobispo de Canterbury ni los portavoces de su sede oficial, el palacio de Lambeth, y menos aún el palacio de Kensington, han querido pronunciarse sobre ningún aspecto relativo a la supuesta boda del que fuera el nieto más díscolo de Isabel II, por lo que habrá que esperar a que sean los propios protagonistas -como ha venido ocurriendo a lo largo de este año de romance- quienes se animen finalmente a dar más detalles sobre los próximos pasos a dar en el marco de su enternecedora historia de amor.

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