Guillermo y Kate no se intimidan por protestas en Quebec

QUEBEC (AP). El príncipe Guillermo y su esposa Kate fascinaron a cientos de seguidores el domingo con un paseo no programado en una ciudad que fue escenario de una victoria británica clave sobre los franceses, un acontecimiento histórico que no olvidan los separatistas francófonos que protestaron en los alrededores.

Los recién casados duque y duquesa de Cambridge, como se les conoce oficialmente, se encuentran en la cuarta jornada de una gira de nueve días por Canadá en lo que constituye su primer viaje oficial al exterior desde su boda efectuada el 29 de abril.

La visita puso el dedo en la llaga de los separatistas francófonos. El príncipe Guillermo y Kate tuvieron un almuerzo privado en la Citadelle, una residencia fortificada donde se izó la bandera británica al final de la crucial Batalla de Quebec en 1759, cuando las fuerzas británicas derrotaron a los franceses para sellar la conquista de Nueva Francia.

La pareja se encontró con protestas pequeñas, aunque ruidosas, por segundo día consecutivo durante su visita a la predominantemente francófona Quebec, después de haber enfrentado protestas en Montreal.

"Lo que hemos visto en Quebec y en Montreal los últimos dos días es, para ellos, sólo una parte de la rica estructura de Canadá y no resta valor a lo mucho que respetan y admiran el país", dijo el portavoz de la pareja, Miguel Head. Agregó que los recién casados ha quedado impresionados por la acogida que les han brindado.

"Se han enamorado del país", dijo Head.

Los abucheos contrastaron con el inicio del viaje a Canadá a la pareja real en la capital, Ottawa, que es predominantemente anglófona y donde fueron vitoreados por decenas de miles de personas el viernes durante el festivo por el Día de Canadá.

A los separatistas de Quebec les molesta que Canadá todavía mantenga lazos con la monarquía. La reina Isabel II sigue siendo jefa de Estado de Canadá.

La policía se extendió por el centro de Quebec. Unos 200 manifestantes, algunos vestidos de negro y ondeando banderas, se manifestaron a unas dos cuadras del Ayuntamiento, donde el príncipe Guillermo, un piloto de helicóptero de la Real Fuerza Aérea, asistió a una ceremonia para honrar e inspeccionar el 22do Regimiento, la unidad de habla francesa más famosa del ejército canadiense.

Los manifestantes opositores gritaban a coro "RRQ", las iniciales del grupo separatista y antimonarquista Reseau de Resistance du Quebecois, o Red de Resistencia de los Quebequenses, que organizó las protestas en Montreal y la ciudad de Quebec.

La policía instaló barreras para impedir el paso de los manifestantes al Ayuntamiento, pero los inconformes trajeron una camioneta tipo pickup con equipo de audio y altavoces para que se escucharan sus gritos.

Llevaban pancartas que decían "paguen lo que gastan" y "la monarquía terminó".

Una multitud mucho mayor de varios cientos de admiradores, que gritaba a coro "¡Guillermo y Kate!", recibió autorización para acercarse al Ayuntamiento y ovacionó ruidosamente a la pareja cuando ésta llegó en la caravana real.

Después de que una banda militar interpretó los seis primeros compases de "God Save the Queen", el príncipe Guillermo dio un breve discurso completamente en francés.

"Ustedes, los habitantes de Quebec, tienen tanta vitalidad y un orgullo extraordinario. Simplemente estamos encantados de estar aquí", dijo. "Gracias por su paciencia con mi acento, y espero que tengamos la oportunidad de conocernos unos a otros en los próximos años. Hasta la próxima vez. Los veré pronto".

La multitud rió cuando mencionó su acento y luego comenzó a vitorearlos.

Sin dejarse intimidar por los manifestantes cercanos, el príncipe Guillermo y Kate encantaron a los quebequenses con un paseo inesperado. La pareja real se dirigió a la barricada, mientras charlaba y estrechaba la mano de los entusiastas seguidores alrededor de la plaza del Ayuntamiento antes de irse en una caravana.

Más temprano, Guillermo y Katherine cantaron himnos durante su participación en un servicio de oración ecuménica bilingüe en la cubierta de la fragata HMCS Montreal, la cual atracó en la ciudad de Quebec después de un recorrido nocturno desde Montreal a través de la pintoresca vía marítima del San Lorenzo.

Ambos descendieron para reunirse con residentes de La Maison Dauphine, un centro de asistencia para jóvenes sin hogar.

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