Isabel II prescindirá de las "joyas de la corona" para la apertura del parlamento británico

El Reino Unido vivirá el próximo 19 de junio una jornada histórica durante la solemne apertura del nuevo parlamento que surgirá de las elecciones generales convocadas para el día 8 de ese mismo mes, ya que por primera vez en más de 40 años, la reina Isabel II renunciará a algunos de los rituales y accesorios más emblemáticos que han definido tradicionalmente la inauguración del nuevo ciclo político por parte de la soberana.

Como ha revelado el propio palacio de Buckingham, la monarca no llegará en esta ocasión a las Casas del Parlamento montada en la ostentosa carroza real dorada que ha venido utilizando en sus más de 60 años de reinado para dotar de mayor esplendor a los actos oficiales más significativos del estado. De la misma forma, Isabel II no lucirá este año la pesada corona imperial ni la anacrónica capa que han sido una constante en este tipo de ceremonias cuando se dirija desde la Cámara Alta a diputados, lores y demás invitados.

En su lugar, la jefa de estado más longeva del mundo en la actualidad se presentará a la que siempre ha sido considerada como una de las ceremonias más pomposas y majestuosas de la vida pública británica con un sencillo atuendo, compuesto por un sobrio vestido con sombrero a juego, de los que suele utilizar para sus compromisos oficiales menores: una opción a la que solo ha tenido que recurrir una vez en todo su reinado, concretamente en el año 1974, por la misma razón que explica el cambio de planes que se ha producido este año.

Como han señalado varios medios británicos, como el canal de televisión ITV y el diario The Daily Telegraph, los dos meses escasos de margen que ha dejado la primera ministra, Theresa May, tras el anuncio del adelanto electoral -una estrategia similar a la llevada a cabo por su predecesor Edward Heath hace 43 años- no ofrece a los servicios de seguridad, al ejército, y a los responsables de protocolo del parlamento y la corona tiempo suficiente para diseñar y poner en marcha el complejo operativo que requiere un evento de estas características, obligando finalmente a todos los implicados a simplificar notablemente los preparativos.

Isabel II y el duque de Edimburgo, que irá vestido con traje y abrigo de paño en lugar de con su clásico uniforme militar, llegarán, por tanto, a Westminster en coche en lugar de en carruaje, mientras que la citada corona y la histórica espada que simbolizan su poder y autoridad -meramente testimonial a día de hoy- serán trasladadas hasta el parlamento en otro vehículo porque, al margen de las circunstancias especiales, nunca pueden faltar en estas celebraciones.

Igualmente, el recorrido que tradicionalmente hace la soberana hasta el trono reservado para ella en la Cámara de los Lores, lleno de guiños y referencias a la historia política del país, será visiblemente reducido para acortar la duración general de la ceremonia, lo que permitirá que se empiecen a planificar cuanto antes otros refinados eventos a los que tendrá que asistir la soberana esa semana, como la celebración de las icónicas carreras de caballos de Ascot, que tendrán lugar entre el día 20 y el 24 de junio.

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