El tiempo final de José María Arguedas recreado por escritor

PARÍS ( AFP) El escritor peruano Alfredo Pita presentó en París su último libro, "Días de sol y silencio", donde evoca a uno de los maestros de las letras latinoamericanas, su paisano José María Arguedas, cuando escribía a fines de los sesenta la que sería su última novela, "El zorro de arriba y el zorro de abajo".

Pita, en la actualidad periodista de la Agencia France-Presse en París, aún no había cumplido 20 años cuando conoció a fines de 1966 al autor de "Yawar fiesta" y "Los ríos profundos", quien vivía con su familia en Chaclacayo, en las afueras de Lima.

En "Días de sol y silencio", ilustrado con retratos de la fotógrafa Olga Luna y del álbum familiar, aparece la figura de Arguedas en su complejidad: el antropólogo y novelista de cultura quechua que escribía en español, el hombre consagrado a sus oficios, de un gran saber y carisma, conocedor de la cultura, la música y las danzas de la tierra.

Pita, nacido en Celendin en 1948, se dio a conocer internacionalmente en 1994 con su novela "El cazador ausente", ganadora del premio internacional Las dos orillas, traducida a cinco lenguas europeas. En 1991 ganó el concurso de cuentos de la revista Caretas.

En "Días de sol y silencio", reconstruye la célebre polémica, que afectó mucho a Arguedas, con el escritor argentino Julio Cortázar en 1968 y 1969, en la que, según dice, "se opusieron absurdamente por prejuicios mutuos" en torno al tema de "escritor provincial" contra "escritor profesional".

"Días de sol y silencio" se lee como una crónica de la Lima y el Perú literario de esa época, y un relato de la iniciación de Pita cuando, muchacho, gozó de la amistad del artista en su madurez.

Sus pinceladas, fogonazos y flashbacks iluminan aspectos de la actividad y la vida del gran escritor peruano durante los tres años antes de su fin (Arguedas se mató de un disparo en la sien en noviembre de 1969), con un reconocimiento y gratitud que Pita no vacila en calificar de "filiales".

El libro cuenta, por ejemplo, cuando Arguedas le pidió a su joven amigo que lo ayudase a transcribir parte del manuscrito del libro que estaba trabajando, "El zorro de arriba y el zorro de abajo".

"La experiencia se me reveló con el tiempo como un gesto iniciático, como un acto de extrema generosidad de parte de José María", confía.

"Arguedas me hizo partícipe de ese acto taumatúrgico que es la escritura en trance de corrección. No me di cuenta entonces, y tal vez él tampoco, pero en ese momento mi amigo y maestro me había bautizado", declara.

Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes