Lena Dunham y Jack Antonoff rompieron por culpa de un apartamento

A principios del año pasado Lena Dunham anunció el final de su relación sentimental de cinco años con el músico Jack Antonoff en el mismo artículo para la revista Vogue en el que desvelaba que se había sometido a una histerectomía para tratar de acabar con las complicaciones derivadas de la endometriosis que padecía y que no habían remetido ni siquiera tras un número de intervenciones quirúrgicas que ya superaba las dos cifras.

La creadora y protagonista de la serie "Girls" insistió en todo momento en que su compañero le había apoyado de forma incondicional antes, durante y después de su convalecencia, pero que inevitablemente ellos se habían ido distanciando por motivos que en aquel entonces no quiso concretar.

Sin embargo, ahora la intérprete ha desvelado en otro ensayo para la revista Domino que el punto de no retorno llegó cuando él se marchó de gira y ella decoró el apartamento que acababan de comprar juntos en Nueva York con ayuda de su propia madre para darle una sorpresa a Jack cuando regresara.

"Le horrorizó. Y no quería odiarlo, lo intentó con todas sus fuerzas, pero no le gustaba vivir en un lugar que reflejaba el interior de mi mente. Yo pensé que le estaba haciendo el mejor regalo posible y que se sentiría igual que lo hice yo aquella vez que volví a casa de un campamento de verano y descubrí que mi madre había pintado las paredes de mi cuarto de cuatro colores distintos, había colgado un póster nuevo y me había comprado una vela con forma de melón cortado a la mitad y un sillón hinchable. Esperaba que así él experimentara esa misma magia, pero lo único que él deseaba era un sofá y un reloj gigante para colgarlo en la pared", ha recordado ella.

En los meses siguientes Lena sintió "ganas de vomitar" cada vez que claudicaba ante los gustos en materia de interiorismo de su entonces chico y pintaba una pared de un color menos llamativo, al mismo tiempo que planeaba mentalmente cómo sería el hogar de sus sueños: uno donde pudiera instalar una cama gigante con un cabecero extravagante y no importara si sus perros hacían pis en el suelo.

"La última vez que estuve en ese apartamento fue cuando ambos acordamos, con todo el cariño posible, que uno de los dos tenía que marcharse. Él me dijo entre lágrimas que por fin podría comer en la cama sin que nadie se enfadara conmigo", ha desvelado acerca de su ruptura, tras la cual ella compró una vivienda "en pleno ataque de pánico" a la que jamás llegó a mudarse. Afortunadamente, a día de hoy ha encontrado la estabilidad inmobiliaria en una propiedad de alquiler.

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