Oscar pierde su vuelo a Hollywood

BEVERLY HILLS, California (AP). El Oscar 3453 perdió su vuelo.

Después de una sesión fotográfica muy temprano en la mañana; tras ser colocado en una bolsa de plástico, acomodado en un envase con material aislante, y puesto en una caja al lado de otras siete llenas con más de 40 de sus otros compañeros, de alguna manera el 3453 tomó un giro equivocado.

En lugar de entrar a un camión y dirigirse al Aeropuerto Internacional O'Hare de Chicago junto con los otros miembros de su familia, fue removido inadvertidamente de su caja y puesto aparte.

Así, mientras el resto de las estatuillas iba rumbo al aeropuerto _ escoltados por una camioneta todo terreno con dos policías armados de Chicago siguiéndolas muy de cerca_ el Oscar 3453 se quedó atrás en la fábrica R.S. Owens donde él y el resto de sus compañeros llegaron al mundo el mes pasado.

Parece que alguien lo confundió con una de las estatuillas que debían aparecer en una exhibición en Chicago, pero el 3453 estaba destinado para Hollywood. Un empleado simplemente se confundió, dijo el presidente de la empresa Scott Siegel.

Por ello hoy viernes más tarde y sin la misma ceremonia, fue llevado al aeropuerto.

"Está en el aire", señaló Siegel cerca de las 4:15 de la tarde.

En un carro alquilado dos guardaespaldas macizos recogieron al 3453 en el aeropuerto Internacional de Los Angeles y lo llevaron a las oficinas centrales de la Academia para que se reuniera con su familia.

Allí, finalmente, lo recibió Steve Miessner, de 47 años, quien es el asistente del presidente y director ejecutivo de la academia, pero en realidad se trata de la única persona que puede manejar los trofeos del Oscar desde que llegan a Los Angeles hasta mucho después de que son entregados a sus ganadores.

Miessner mantiene un registro exhaustivo de cada Oscar alguna vez presentado _ "incluso de aquellos manufacturados antes de que empezáramos a ponerles un número de serie" _ y de dónde se encuentran ahora.

Con un ritual minucioso, el ejecutivo abre las cajas, remueve las estatuillas y les quita la bolsa para alinearlas frente a su escritorio. Si alguna se daña en el camino, él mismo las arregla.

Una vez están todas alineadas, Miessner se toma un momento para admirar los 44 Oscar, que parecen un orgulloso ejército dorado.

"Son hermosos", dijo, al tiempo en que especifica que hacer cada uno cuesta 602 dólares. "Pero una vez se entregan, no tienen precio".

Tras registrarlos en una computadora a la que sólo él y un programador tienen acceso, Miessner lentamente vuelve a meterlos en sus bolsas que van dentro de la caja con material aislante, y le escribe a cada una en la parte de afuera su respectivo número de serie.

Ahora, se dirigen a una bóveda secreta, donde junto con los otros, el 3453 tiene poco más de una semana para considerar su destino antes de ser escoltado al Teatro Kodak para la gran noche. ¿Viajará el 3453 a la India, quizás? ¿Tendrá un lugar de honor en la habitación de los niños de Brangelina? ¿Terminará en una batalla de custodia por un robot que colecciona basura? Eso se sabrá el 22 de febrero.

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