Polémica en Río por ordenar en Carnaval callejero

RÍO DE JANEIRO (AFP). Río de Janeiro, donde el Carnaval de calle creció fuertemente en los últimos años, resolvió organizar y poner reglas por primera vez a este evento antes espontáneo, y la decisión causa polémica en la ciudad, que busca mejorar su imagen de cara a los Juegos Olímpicos de 2016.

Conocido por las famosas escuelas de samba, el carnaval de Río también se desarrolla en desfiles callejeros, llamados en portugués "blocos de rua", que surgen de iniciativas de amigos, vecinos o compañeros de trabajo que se disfrazan y caminan cantando, bailando y bebiendo cerveza por las calles.

Muchos de estos grupos tienen nombres que apelan al humor como "Simpatía y casi amor" que desfila en la turística zona sur de Rio, "Innova que me gusta" en el barrio de Flamengo, y otros como "Sacude quien puede", "Si no me lo quieres dar, me lo prestas", "Pluto y el hijo de Pluta", el abstemio "Alegría sin resaca", o uno de los más populares, la "Banda de Ipanema".

El número de estos grupos aumenta año a año.

"En 2010 son 465, que hacen 670 desfiles con un público estimado en 2,5 millones de personas", informó una fuente de la Secretaría de Turismo de Río de Janeiro a la AFP. La fuente indicó que es difícil precisar cuánto creció desde el año pasado este movimiento, ya que este año se realizó el primer registro.

Con tal cantidad de personas en las calles, los trastornos son frecuentes: embotellamientos, residuos en las veredas, y una costumbre que ha sido objeto de numerosas campañas para combatirla este año: la de orinar en calles, muros y todo lo que se preste.

La alcaldía tomó diversas medidas para este Carnaval 2010, con miras a corregir estos problemas. Una de ellas, entre las más polémicas, abrir una licitación para que una empresa patrocinara la fiesta en las calles. El llamado fue ganado por una cervecería.

Ahora "la empresa debe brindar infraestructura para los desfiles: 3,200 baños químicos (en las calles), 500 controladores de tránsito, 80 ambulancias y señalización para el tránsito" que será desviado, según la Secretaría de Turismo municipal. A cambio, la firma instaló publicidad en las calles de la ciudad y durante los desfiles.

Varias agrupaciones creen que es el comienzo de la privatización del carnaval callejero.

"Río es una ciudad enorme, tiene potencial para vivir del turismo, no precisa ganar (dinero) a costa de los 'blocos', que son parte de la tradición", se quejó Roberta Sauerbroon, una de las organizadoras del desfile de la agrupación ¡Exalten al Rey!, que desfiló en 2009 homenajeando al cantante Roberto Carlos.

En cambio, el concejal municipal opositor Eliomar Coelho, opinó lo contrario. "Tenemos que admitir que el carnaval mejoró. La instalación de baños públicos, la limpieza de las calles luego del desfile, el tránsito" mejoraron, puntualizó.

Los 'blocos' tienen ahora que inscribirse antes de agosto del año anterior al carnaval para poder desfilar.

"Este primer año precisábamos monitorear todo, porque no sabíamos quien desfilaba, la duración (del evento), los lugares. Tuvimos que organizar de modo de no perjudicar hospitales, comisarías y servicios básicos, pero con el tiempo eso (la inscripción) puede ser más flexible", explicó la fuente de la secretaría de prensa municipal.

Eso es lo que espera Coelho, quien considera que no puede limitarse la entrega de permisos a un plazo tan anterior al carnaval. "Muchos grupos son creados en noviembre, diciembre. Entonces si se limita (...) a un permiso de la alcaldía de agosto, se termina con el carnaval espontáneo y eso es inadmisible", argumentó.

Algunas agrupaciones callejeras, crearon un grupo contrario a las acciones "limitadoras" de la alcaldía. "Apoyamos la Anti-Liga de 'blocos' carnavalescos, contra el exceso de burocracia en el carnaval carioca", dijo Eduardo Pereira, uno de los organizadores de la agrupación Boi Tolo, que desfilará este año sin autorización municipal.

Las acciones de la municipalidad se suman al llamado "choque (o golpe) de orden" impuesto por el alcalde Eduardo Paes desde su asunción, en un intento por ordenar algunos aspectos verdaderamente caóticos de calles, playas y tránsito en Río de Janeiro, que deberá ahora cuidar más que nunca su imagen de cara a los Juegos Olímpicos de 2016.

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