Priyanka Chopra busca la reinserción de Marchesa tras escándalo Weinstein

La caída en desgracia de Harvey Weinstein a raíz de la salida a la luz de la dinámica de acoso y abusos sexuales que había perpetuado durante dos décadas gracias a su posición de poder en la industria cinematográfica colocó a la firma de moda Marchesa y a su co-fundadora Georgina Chapman, que resultaba ser también su esposa, en una posición muy delicada.

Pese a que la diseñadora tardó menos de una semana en anunciar su separación tras publicarse los primeros artículos con los testimonios de las víctimas del todopoderoso productor y después de un tiempo prudencial concedió una entrevista a Vogue en la que acababa rompiendo a llorar mientras hablaba de su mudanza a toda prisa al campo para alejarse de los focos de la atención mediática y de sus sentimientos encontrados acerca de su exmarido, a quien no podía perdonar su comportamiento pero que no dejaba de ser el padre de sus dos hijos -uno muy bueno, como matizaba-, lo cierto es que la empresa que ayudó a construir no ha terminado de recuperar su predominancia en las alfombras rojas.

Scarlett Johansson fue una de las primeras estrellas en apostar por la 'reinserción' de Marchesa al elegir una de sus creaciones de cara a la pasada gala del Met, pero la realidad es que ni su gesto -especialmente significativo al venir de una de las activistas y voces feministas más populares de la meca del cine- ni las puntuales apariciones que ha realizado en otros eventos de la mano de celebridades menos mediáticas puede considerarse una prueba de que Hollywood está listo para pasar página y recibir sus diseños de nuevo con los brazos (y los monederos) abiertos.

De hecho, muchos preveían que la pasada gala de los Emmy supondría su regreso a primera línea de actualidad... y se equivocaron estrepitosamente.La última ocasión en que una gran estrella en pleno auge ha optado por una de sus prendas ha sido este fin de semana cuando la actriz india Priyanka Chopra acudió a su despedida de soltera o fiesta pre-boda -según se quiera traducir el término ataviada con un impresionante vestido blanco con plumas en la falda firmado por Marchesa. La intérprete, que acapara titulares tanto por su carrera como por su faceta de empresaria y su inminente boda con el joven Nick Jonas, ha defendido a capa y espada su atuendo y, de paso, a su creadora.

"Mujeres que apoyan a otras mujeres, de eso va esto. Georgina es amiga mía, lo ha sido desde antes. Y no es su culpa. Y no creo que sea justo hacer pagar a una mujer hecha a sí misma por lo que hizo una de las personas de su vida. Esa es la actitud errónea. La conozco desde hace años y era un vestido precioso que merecía ser llevado por una futura novia. Y me hacía sentir como una princesa, era la elección correcta", ha afirmado en declaraciones al portal WWD.

La clave de la cuestión en esta complicada situación no sería si Georgina estaba o no al corriente de las muchas ocasiones en que Harvey Weinstein compró el silencio de empleadas y trabajadoras de su productora con acuerdos que ellas firmaban libremente o bajo coacción, sino determinar el papel que jugó él a la hora de encumbrar a Marchesa como una de las firmas más vistas en los saraos de la meca del cine. Y ahí la situación se complica, ya que varias figuras poderosas y respetadas de ese mundo -como Jessica Chastain o Felicity Huffman- han confirmado que el productor medio sugería, medio obligaba a las protagonistas de sus proyectos a que se pusieran los vestidos de la marca para las premiere y demás citas, y cuando lo consideraba necesario no dudada en recurrir a las amenazas. Queda por ver si la industria es capaz de olvidar y perdonar.

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