Los duques de Sussex se preparan para su primera gran gira internacional

Aunque acaban de llegar de su merecida luna de miel en la provincia canadiense de Alberta, los duques de Sussex -el príncipe Enrique y Meghan Markle- no dispondrán de demasiado tiempo libre para reponerse de tanta actividad vacacional al tener que lidiar ya con una intensa agenda oficial junto al resto de miembros de la familia real británica.

De hecho, este mismo fin de semana los dos enamorados hicieron acto de presencia en el balcón del palacio de Buckingham -situados en un segundo plano para no eclipsar a la reina ni a los herederos a la corona- durante el tradicional desfile militar 'Trooping the Colours' con el que se conmemora oficialmente el cumpleaños de la soberana.Sin embargo, la sucesión de actos públicos a los que tendrá que enfrentarse la pareja no ha hecho más que comenzar, ya que este mismo lunes el palacio de Kensington ha confirmado que el nieto de Isabel II y su flamante esposa emprenderán su primera gran gira oficial el próximo otoño con un extenso viaje por Australia y Nueva Zelanda, aunque también visitarán las islas Fiji y Tonga.

"El tour coincidirá con la celebración de los Juegos Invictus en Sídney", ha explicado un portavoz de palacio a través de Twitter para recordar a todos los amantes del deporte que la nueva edición de este popular evento anual, fundado por el propio Enrique para celebrar la valentía y el afán de superación de los veteranos de guerra a lo largo de la Commonwealth, tiene lugar en la ciudad más poblada de Australia.

Pero mucho antes de que tengan que embarcar otra vez en un avión para recorrer parte del globo terráqueo, Meghan recibirá un curso informal pero acelerado de protocolo por parte nada menos que de la propia reina, después de que la monarca le haya reclutado exclusivamente a ella para que la acompañe en su próxima visita oficial a la localidad inglesa de Chester.

Este será el primer compromiso en el que la nueva duquesa, quien inaugurará un nuevo puente a las afueras de la ciudad y asistirá a la reapertura de un teatro clásico, tendrá que lidiar con la atención de ciudadanos y periodistas sin la presencia de su marido: una prueba de fuego que contará, además, con la presión añadida de verse supervisada por la mismísima Isabel II.

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