La política de sinceridad de Dax Shepard con sus hijas le ha jugado una mala pasada estas navidades

Si las celebridades suelen evitar pronunciarse acerca de la manera en que educan a sus retoños es porque saben bien que se trata de un tema muy delicado y susceptible de dar pie a polémicas absurdas a raíz del menor detalle.

Al actor Dax Shepard, sin ir más lejos, se le ocurrió ofrecer hace unos días un ejemplo de las consecuencias menos agradables de la política de sinceridad absoluta a la que se atiene con sus dos hijas Lincoln, de cinco años, y Delta, de cuatro, y que por norma general le había dado muy buen resultado hasta ahora.

El marido de Kristen Bell reconoció que se había visto obligado a desvelar la realidad sobre uno de los mitos navideños más extendidos -y no cuesta demasiado imaginar cuál- cuando su primogénita comenzó a plantear cuestiones muy incómodas que le colocaban justo en la posición que siempre había evitado: la de verse obligado a mentirle.

Su relato no ha tardado en obtener una gran repercusión y ha generado reacciones muy encontradas, pero él no ha dudado en defender su decisión presentándola como la única coherente con su filosofía educativa y, además, la más saludable para su retoño.

"Esto es lo que sucedió: le expliqué todo el concepto y en las semanas previas a las navidades del año pasado, empezó a encontrarle problemas lógicos. Primero empezó a preguntar cómo conseguía llegar a todas las casas y después cómo lograba entrar por las chimeneas.

Empezaron a salir a relucir un montón de cosas... y yo trataba de seguir la corriente, recurriendo a las mentiras habituales que se suelen contar mientras miraba esa carita suya tras la que se esconde una mente muy analítica. Y llegado un punto me di cuenta de que le estaba pidiendo que ignorara su pensamiento crítico", ha asegurado en su podcast 'Armchair Expert'.

Su mujer se encontró en una situación similar hace unos meses después de comentar sin darle demasiada importancia que trataba de analizar las contradicciones argumentales de clásicos como Blancanieves cuando veía esas películas con sus pequeñas, para discutir con ellas por qué la princesa no debería haber aceptado comida de un desconocido o lo raro que resultaba que no le hubiera preguntado a quien se la regaló de dónde había salido.

En aquella ocasión la actriz se mantuvo firme en su postura, al igual que Dax, y defendió la importancia de inculcar a sus hijas una manera crítica de pensar y la costumbre de plantear tantas preguntas como les puedan surgir.

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