El papel preferido de Elizabeth Taylor: La señora Burton

NUEVA YORK ( AP). "Me encanta no ser yo misma", dijo una vez Elizabeth Taylor, una declaración extraña por tratarse de una megaestrella. "No ser Elizabeth Taylor, sino la esposa de Richard Burton".

Mucho antes que Brangelina, ya existía Dickenliz. Este matrimonio de celebridades, apasionado y desmesurado en muchos sentidos, escandalizó y fascinó al público como ningún otro, ni antes ni después. La versión actual, de Brad Pitt y Angelina Jolie, parece lisa y llanamente convencional en comparación con Burton y Taylor.

Y para bien o para mal, definió a la actriz por el resto de su vida. Críticos y espectadores podrán discutir si favoreció o perjudicó su carrera, pero es evidente que a Taylor no le importaba.

"A Elizabeth le importaba un cuerno", dijo Aileen Mehle, la famosa columnista de la prensa del corazón que firmaba como Suzy. "No le importaba lo que pensaba la gente, con tal de vivir la vida a su manera y estar con el hombre que deseaba".

Y Taylor deseó a Burton casi desde el momento en que se conocieron en Italia, en el plató de "Cleopatra", una película de 1963 que en sus desmesuras reflejó las de la relación que nació en ella. "Las manos (de Burton) temblaban debido a una resaca", dijo Nancy Schoenberger, coautor con Sam Kashner del libro "Furious Love", acerca de la relación. "Al principio ella montó sus defensas, pero él las avasalló".

Los dos estaban casados: ella con Eddie Fisher, el esposo que había "robado" a Debbie Reynolds; él con Sybil Burton. "En todas sus infidelidades, él dejaba bien sentado que jamás dejaría a Sybil", dijo Schoenberger. "Pero entonces conoció a Elizabeth".

Cuando se conoció públicamente, la relación provocó un escándalo. El Congreso estadounidense y el Vaticano denunciaron a Taylor. "Cada vez que alguien dice que 'Fulana de Tal es una gran estrella'", dijo una vez la columnista Liz Smith, "yo les respondo, '¿acaso la ha condenado el Vaticano?'"

La relación Taylor-Burton coincidió con el auge de la cultura de los paparazzi. El término "paparazzo", literalmente un insecto zumbador, fue acuñado por el director Federico Fellini en su película "La dolce vita", de 1960. No se refería a Taylor y Burton, pero esa relación fue "el comienzo de la cultura paparazzi tal como la conocemos hoy", dijo Schoenberger. "Los tumultos, los fotógrafos que persiguen a las celebridades con sus lentes telescópicas".

Georges Briguet está eternamente agradecido a ese frenesí. El propietario de Le Perigord, un restaurante francés de Nueva York, sintió una profunda emoción el día que Taylor y Burton, en los comienzos de su relación, fueron a cenar y pidieron una mesa aislada. Estaban vestidos a todo lujo y les encantó el cassoulet.

El restaurante tenía pocos clientes... hasta que un tabloide publicó una foto de la célebre pareja saliendo del local, con el toldo bien a la vista. Las multitudes no tardaron en llegar. "Hubiéramos quebrado si no fuera por ellos", dijo Briguet.

Comensales recientes incluyen a Brad Pitt y Angelina Jolie, cuyo plato preferido es el pollo orgánico, dijo Briguet. Exudan un magnetismo estelar, pero no es lo mismo: "La señora Taylor era la reina del glamour".

Taylor y Burton se casaron por primera vez en 1964 en Montreal, Canadá. El matrimonio, que duró un decenio, era tan conocido por lo bueno (belleza, fama y riqueza) como lo malo (borracheras, peleas).

Lo constante era la pasión. Burton escribía cartas de amor, muchas de las cuales Taylor facilitó a los autores de "Furious Love". Ya bien entrado en el matrimonio, escribió: "No comprendes, E.B., lo fantásticamente bella que siempre has sido y de qué manera tan extraña has adquirido una hermosura adicional, especial y peligrosa". Luego describe su cuerpo.

Taylor y Burton realizarían juntos una decena de películas, entre fracasos y éxitos. "Quién le teme a Virginia Woolf", para la cual Taylor descartó el glamour y aumentó de peso, le valió su segundo Oscar (muchos creen que Burton también lo merecía). Según Schoenberger, las peleas mejoraban la situación familiar.

Sea como fuere, dice la escritora, "les encantaba pelear. Para ellos era el juego sexual previo al coito".

Schoenberger no cree que el factor celebridad _y en particular el "matrimonio del siglo", como lo llamaron muchos, la perjudicó como actriz. "La misma Elizabeth decía que su papel más importante era el de la señora Burton". Durante dos años detuvo su carrera para que su esposo pudiera "alcanzarla".

Taylor y Burton se divorciaron en 1974 y volvieron a casarse por poco tiempo al año siguiente. Ambos volverían a casarse, ella varias veces.

Burton pasó la última parte de su vida con Sally Hay. Pero los autores de "Furious Love" revelan que poco antes de morir de un derrame cerebral, en 1984, Burton le envió una carta de amor, que ella sólo recibió a su regreso a California luego de visitar su tumba en Suiza.

Taylor no reveló el contenido de esa carta, ya que dijo, era demasiado personal. Pero la tenía en su mesa de luz y dijo que él expresaba su amor y el deseo de volver con ella.

Escribió a los autores: " En el fondo de mi corazón, siempre creeré que nos hubiéramos casado por tercera y última vez. Desde los primeros días en Roma, siempre estuvimos, loca, poderosamente enamorados. Tuvimos más tiempo... pero no el suficiente".

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