Príncipe Enrique se 'arrepiente' de no hablar lo suficiente de su madre

La trágica muerte en 1997 de la princesa Diana de Gales a causa de un accidente de tráfico en París no solo dejó profundamente conmocionada a toda la sociedad británica, sino que supuso un duro e inesperado golpe para los príncipes Guillermo y Enrique, quienes en ese momento tenían 14 y 12 años, respectivamente.

Aunque Enrique, a diferencia de su hermano mayor, ha sido tradicionalmente muy reservado a la hora de compartir sus experiencias sobre el drama de haber perdido a su madre a una edad tan temprana, ahora ha reconocido que su vida habría sido un poco más llevadera de haberse sincerado con más frecuencia sobre lo difícil que le ha resultado lidiar con su ausencia.

"Realmente me arrepiento de no haber hablado antes sobre lo sucedido", confesó el hijo del príncipe Carlos durante un acto público ligado a la campaña de sensibilización sobre la depresión y otras enfermedades mentales que ha puesto en marcha junto a su hermano y su cuñada Catalina, duques de Cambridge.Al igual que Lady Di no tuvo reparo alguno en confesar públicamente hace 20 años que había sufrido depresión postparto, Enrique cree firmemente que es esencial que aquellos que padecen problemas anímicos y emocionales de cualquier tipo se expresen abiertamente para poder conseguir la ayuda que necesitan.

"No pasa nada por sufrir, pero tienes que hablar de ello. Compartirlo con otros no es una debilidad. La debilidad sería tener un problema y no reconocerlo ni solucionarlo. Mucha gente piensa que el hecho de tener un trabajo, estabilidad financiera, una familia, una casa, todo ese tipo de cosas, implica automáticamente que se es inmune a esta clase de enfermedades, y no es así", reveló en declaraciones a la BBC.

El nieto de Isabel II también mostró su lado más humano al escuchar con atención el relato de la exdeportista olímpica Kelly Holmes sobre la profunda depresión que se extendió durante la mayor parte de su carrera deportiva."Sufrí depresión durante casi toda mi carrera como atleta, pero nadie sabía por lo que estaba pasando. La gente me veía llorar y pensaban que se trataba de algún dolor físico, nada que ver. Hasta hace tres o cuatro años jamás me atreví a hablar de ello".

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