Curas y punks asisten al festival de música Sziget

BUDAPEST (AFP). El festival Sziget, en la capital húngara, se ha convertido en uno de los acontecimientos musicales más importantes del verano europeo, atrayendo a miles de visitantes de todo el continente para pasar un fin de semana de locura en una pequeña isla del Danubio.

"Estuve hace poco en Dinamarca, en un festival, pero aquí la atmósfera es mucho más relajada. Y el tiempo mucho mejor", dice un joven visitante holandés, con un barril de cerveza local.

El festival, que llega a su edición número 16 y se celebra todos los años en la isla de Obudai, a un par de kilómetros del centro de Budapest, empezó el miércoles y durará hasta el domingo.

Durante estos cinco días, en los 30 escenarios de este gran acontecimiento musical habrá más de 600 conciertos, de todos los estilos: rock, reggae, pop, hard rock, música del este, folk alternativo, electrónica, jazz... la variedad es la principal característica de este festival.

Con un bikini y unos diminutos pantalones cortos, una joven inglesa, agarrada a un francés, no muy sobrio, explica que le encanta el ambiente alegre y estrambótico del festival, y también su diversidad.

Los artistas que actuarán en Sziget vienen de 42 países.

Cuando Leningrad --un grupo ruso de ska, con toques punks y de folk-- actuó el miércoles, un miembro de la banda abrió una lata de cerveza después de rompérsela en la cabeza, tomó un poco y la escupió ante la multitud. Y sus fans se volvieron locos.

En el programa de estos cinco días no sólo hay conciertos. La principal avenida que cruza las 76 hectáreas de la isla está llena de tiendas y stands, que ofrecen todo tipo de servicios, desde los más prácticos a los más excéntricos.

En uno de estos puestos, una representante de los impuestos húngaros explica con infinita paciencia que no pagar las tasas al Estado es "un pecado contra su propio monedero".

Otro stand, atendido por un rabino, anuncia "Respuestas por 10 florines" (cuatro céntimos de euro, cinco céntimos de dólar), y en el interior imparte consejos a un rockero de mediana edad, con una barba como la suya.

Las tiendas de católicos, protestantes y baháis intentan que los visitantes recuperen la fe y, al parecer con éxito, según un pastor protestante que comenta que hay "muchos convertidos" durante el festival.

Los organizadores esperan cerca de 400,000 personas durante todo el festival.

Este acontecimiento, uno de los más importantes en Europa, atrae a visitantes de todo el continente: después de los húngaros, los más numerosos son los franceses, seguidos de holandeses, italianos, alemanes, británicos y austriacos.

Pero el interés por este festival va más allá de los límites europeos. Los festivaleros provienen de hasta 46 países distintos. Chilenos, armenios, jamaicanos, japoneses o incluso malíes viajan hasta esta isla del Danubio.

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