La Valquiria en La Scala: Cantantes contra el director

MILAN (AP). Esta vez no hubo discurso desde el foso de la orquesta. No se arrojaron gases contra manifestantes en el exterior. Tampoco hubo pasarela de celebridades, pero la segunda función de la temporada de La Valquiria el viernes por la noche en el Teatro de la Opera de La Scala también llegó a los titulares.

Esta vez fue por el inesperado debut de un tenor holandés, Frank van Aken, quien sustituyó a Simon O'Neill en el papel de Segismundo en la famosa obra de Richard Wagner.

Aunque Daniel Barenboim dirigió una lectura de la partitura llena de momentos mágicos, Van Aken y el resto del excelente reparto enfrentaron con bravura una nueva producción del director Guy Cassiers, que por cada buena idea parecía ofrecer dos malas.

El teatro de ópera más importante de Italia está presentando las cuatro obras del "Anillo" a un ritmo de una obra por año, en una producción compartida con el teatro Staatsoper unter den Linden, de Berlín.

En la producción de este año ya no están los bailarines que la temporada pasada acompañaron a los protagonistas en "El oro del Rin". En lugar de ello, Cassiers brindó una mezcolanza de símbolos caóticos en el escenario, junto con interminables videos tenebrosos proyectados en los muros detrás del escenario.

Esos videos distraen de la acción, en lugar de crear ambiente. Con tales artificios, los actores tuvieron que defenderse solos.

Como Siglinda, la mezzo-soprano Waltraud Meier cantó con su acostumbrada intensidad. El bajo Vitalij Kowaljow cantó como Wotan con un tono sólido y placentero, pero sin impresionar a nadie.

La soprano Nina Stemme, como Brunilda, dio una actuación esplendorosa, a pesar de llevar el vestuario más feo de la noche.

Van Aken se mostró prometedor como tenor dramático. Tuvo problemas para sostener algunos pasajes suaves, pero su voz se expandió y fortaleció conforme subía en la escala.

En el estreno del martes, antes de que Barenboim levantara la batuta, pidió al presidente italiano, sentado en el palco real, que protegiera a las instituciones culturales de Italia contra los recortes presupuestales. Afuera del teatro, la Policía se enfrentó con manifestantes que protestaban contra los recortes en cultura y educación.

El viernes, Barenboim se enfocó en dirigir. Eligió tempos osadamente lentos en pasajes donde otros directores aceleran, como en la parte que describe el vuelo de Segismundo y Siglinda por el bosque. Frecuentemente llevó la sección de maderas al frente, lo que añadió una calidez singular a muchos pasajes.

Sin embargo, tuvo muchos problemas para coordinar a la orquesta con los solistas. Con Van Aken, dada la falta de ensayo, era algo comprensible. Con otros cantantes, no tanto.

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