Astro boricua del béisbol sigue activo a los 104 años

PONCE, Puerto Rico (AP). Emilio Navarro gira sobre su cadera varias veces y luego se dobla y se toca los pies con las manos.

Nada mal para un hombre de 104 años.

Navarro no usa bastón ni necesita anteojos. De vez en cuando se hace una escapadita a bailar.

"Y tengo pocas arrugas", bromea. "Buenos, tal vez algunas".

El ex pelotero profesional, no obstante, no está siendo homenajeado por su dinamismo, sino por el hecho de que sigue formando parte de la fuerza laboral. Navarro, quien lleva las cuentas de un negocio suyo de máquinas de juegos, fue nombrado el Trabajador Anciano Más Sobresaliente de Estados Unidos en el 2010.

Se cree que Navarro, más conocido como "Millito", es el último sobreviviente de la Negro American League. Fue seleccionado por sobre decenas de candidatos de 30 estados estadounidenses por Experience Works, el centro de capacitación laboral de ancianos sin fines de lucro más grande de los Estados Unidos.

Navarro comenzó a trabajar a los 12 años, lustrando zapatos y vendiendo diarios y dulce de coco para ayudar a su madre.

"Ella no sabía leer ni escribir", cuenta el anciano.

No le gustaban esos trabajos. Pero finalmente descubrió uno que sí le encantaba: el béisbol.

A los 17 años, y pese a ser bajito de estatura, firmó con los Leones de Ponce y luego fue a jugar con los New York Cuban Stars, que competían en una de las ligas de negros de Estados Unidos. También jugó en la República Dominicana y en Venezuela.

Posteriormente se desempeñó como instructor y como maestro de gimnasia en escuelas de Ponce y de Caguas, y administró durante diez años un estadio de béisbol de Ponce. Fue el peor trabajo de su vida.

"Estar en ese lugar y no poder jugar... No me gustó nada", expresó.

Puso un negocio de máquinas de juegos, Shuffle Alley, que hoy dirige su hijo. Pero Navarro sigue llevando las cuentas y tomando decisiones financieras.

"Mis hijos trabajan para mí", declaró entre risas, fingiendo contar dinero con las manos. "Lo cuento y lo divido en partes iguales. Siempre queda algo para Millito".

Navarro no tiene ninguna fórmula para mantenerse joven. Aunque sigue dos reglas básicas: Ayuda a los necesitados y respeta a todos.

"Eso es muy importante", manifestó.

Uno de sus hijos, Eric Navarro, de 61 años, le recuerda: "Y por sobre todo, ama a Dios".

"Sí, claro", responde el padre.

Ocasionalmente Navarro se toma un whisky.

Durante un acto reciente, el anciano estuvo parado casi dos horas, posando para fotos con admiradores. Cuando finalmente pudo sentarse, agotado, le pidió a José Bibiloni, coordinador de Experience Works, un traguito de whisky.

Bibiloni le trajo agua. "¿Te pedí esto? Yo no te pedí esto", le reclama Navarro, según relata Biblioni.

Navarro vive solo en la casa que construyó para su familia a fines de la década de 1950. Su esposa falleció hace más de dos décadas, a los 62 años, de un cáncer de pecho. Sus hijos de vez en cuando mencionan la posibilidad de que se instale en un ancianato.

"Pone mala cara y nos tenemos que ir. Quiere su privacidad", dice Eric Navarro.

Lillian Ruiz le cocina todos los días y limpia la casa, donde trabaja desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde.

"Le gusta estar solo", cuenta. "Es muy limpio. Su habitación está siempre en orden".

A Navarro le encanta sentarse en el balcón. A veces le pide a Ruiz que le dé un par de billetes de un dólar y se los pasa a indigentes.

Disfruta bailando y prefiere a las rubias como pareja. Cada tanto se va a un danzón.

Navarro, quien cumplirá 105 años el 26 de septiembre, tiene un marcapasos desde hace 15 años y sufre de presión alta. Pero no necesita anteojos y camina sin dificultad.

"Papi es una excepción", dijo su hijo. "Una goma de mascar que se estira y se estira".

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