Buscan reducir proliferación de tiendas hippies

SAN FRANCISCO (AP). Los nostálgicos interesados en evocar el pasado de la era hippie pueden visitar la esquina de las calles Haight y Ashbury, donde el espíritu de Jimi Hendrix y Grateful Dead repercute en los comercios que ofrecen camisetas alusivas, afiches y pipas para fumar marihuana.

Mientras cierran otros negocios en la cuna de la subcultura hippie, los comercios que venden vestigios del pasado han proliferado tanto en la calle Haight que un político de San Francisco propuso una ley para impedir que sigan abriendo más en el vecindario.

Ross Mirkarimi, miembro de la junta de supervisores de la municipalidad que representa a Haight, pidió a sus colegas que adopten una moratoria de tres años sobre los permisos para nuevos comercios que vendan pipas para fumar marihuana, conocidos como "head shops".

Como ya funciona por lo menos una docena de dichos comercios en un radio de seis cuadras, la calle Haight tiene demasiados lugares donde los turistas pueden ir a comprar recuerdos y muy pocos donde los residentes puedan adquirir alimentos u otros productos de primera necesidad, adujo Mirkarimi.

"El Haight siempre ha sido considerado algo así como una meca. Ha sido icónico desde el Verano del Amor", afirmó. "Generacionalmente, cada nueva era descubre el Haight. Está bien, pero tenemos que manejarlo".

Mirkarami, que con sus 47 años actuales era demasiado joven en la época del Verano del Amor de 1967, no tiene problemas con la marihuana en sí. Apoya sus usos médicos y que se levante su penalización, y no se propone desalojar a todos esos comercios del vecindario. Pero dijo que una cantidad excesiva ha desembocado en ventas de drogas, merodeadores, suciedad y otros problemas que no pueden ser eliminados simplemente con la idealización nostálgica de la década de 1960.

Algunos residentes consideran la propuesta improcedente.

Bajo el título "Qué está fumando", un bloguero local se pregunta si la propuesta del supervisor matará "el sabor de Haight-Ashbury... sí, ese sabor dulce, dulce". El bloguero considera "un poquito descabellado que queramos prohibir los 'head shops' en el lugar donde prácticamente fueron inventados".

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