Condenado a muerte en Japón cuenta con aliado inesperado

TOKIO (AP). Iwao Hakamada, el condenado a muerte más longevo de Japón, ha insistido durante 40 años que es inocente de los cuatro asesinatos por los que se le condenó. Dice que las pruebas eran cuestionables y que su confesión fue forzada.

Ahora tiene el respaldo del juez que redactó la condena de muerte del ex boxeador.

"Sigo creyendo lo mismo sobre el señor Hakamada: que es inocente", opinó Norimichi Kumamoto, quien ahora revela que fue partidario de la absolución pero que fue superado por los otros dos jueces en sus deliberaciones secretas antes de dar su fallo en 1968. Como el juez de menor antigüedad, fue el encargado de redactar la sentencia.

El caso _y la resonante admisión de Kumamoto el año pasado_ ha arrojado una luz sin precedente sobre el hermético sistema de justicia penal japonés, causando revuelo en los círculos legales y planteando interrogantes sobre la pena de muerte en un país donde rara vez ha sido cuestionada.

Entre quienes reclaman un nuevo juicio se encuentran Amnistía Internacional, boxeadores japoneses y Rubin "Hurricane" Carter, el boxeador estadounidense que estuvo preso casi 20 años por tres asesinatos, antes de que se revocara su condena.

El caso también ha iluminado todos los elementos que, según los críticos, hacen inhumano el sistema japonés: interrogatorios severos sin abogados presentes, dependencia excesiva en las confesiones, un sistema arbitrario de la pena capital que puede mantener a los reclusos durante décadas en el pabellón de los condenados a muerte y después colgarlos sin aviso previo.

La discusión del caso coincide con un rápido aumento en el número de sentencias de muerte. De 165 condenados, siete han sido ejecutados en lo que va del año, en comparación con sólo uno en el 2005.

El caso de Hakamada comenzó con un incendio el 30 de junio de 1966 en la casa de un directivo de una empresa donde aquél trabajaba.

Hakamada dijo que ayudó a apagar las llamas donde se hallaron los cadáveres calcinados del ejecutivo, su esposa y dos hijos, todos muertos a puñaladas.

Dos meses después Hakamada, entonces de 30 años, fue arrestado y acusado en base a una confesión y a un piyama suyo que contenía pequeñas cantidades de sangre y gasolina. En su juicio se retractó de su confesión y se declaró inocente. La fiscalía descartó el piyama y presentó otro juego de ropas con manchas de sangre que dijo el acusado usó para los asesinatos.

Hakamada, sus partidarios y ahora el juez disidente sostienen que el caso tenía muchas fallas.

Hakamada dice que la policía lo pateó y golpeó para arrancarle una confesión. Sus abogados afirman que fue interrogado durante 264 horas a lo largo de 23 días, y que la sesión más larga se prolongó 16 horas y 20 minutos. Dicen que no le permitían beber agua ni ir al cuarto de baño durante el interrogatorio.

"Los investigadores pasaron unas diez horas de promedio durante unos 20 días para lograr su confesión. No habrían hecho algo tan estúpido de haber tenido pruebas firmes", dijo el juez Kumamoto a la Associated Press.

Pero una apelación ante el Tribunal Superior de Tokio y la Corte Suprema no logró revocar la condena.

Las evidencias físicas también plantean interrogantes. Cuando se probó los pantalones que reemplazaron al piyama en las pruebas presentadas, no le calzaban.

El arma mortal, un cuchillo con una hoja de 12 centímetros (casi 5 pulgadas), tendría que haber estado más dañado de haber sido empleado para asestar más de 40 puñaladas a las víctimas, sostienen los escépticos.

"Este es un caso típico de hallar culpable de un cargo falso a un inocente porque el tribunal confía en las confesiones obtenidas durante las investigaciones", dijo Hideyo Ogawa, uno de los abogados de Hakamada.

Según el sistema japonés, los jueces no revelan detalles de sus consultas y Kumamoto, ahora de 70 años y retirado, ha enfrentado duras críticas en los círculos legales por quebrar la barrera de silencio.

"Yo quería que alguien en la Corte Suprema me oyera aunque fuese una vez al final de mi vida", dijo Kumamoto. "Me alegra haber hablado. Ojalá lo hubiese hecho antes, y quizás algo podría haber cambiado".

Los partidarios de Hakamada esperan que la admisión del juez produzca un cambio. La Corte Suprema rechazó un pedido de nuevo juicio, aunque los abogados defensores han vuelto a presentar la solicitud.

La Asociación de Boxeo Profesional de Japón organizó una función de beneficio de Hakamada en un gimnasio de Tokio en enero a la que asistieron unas 1,300 personas, según dijo. Los asistentes oyeron la voz de Carter en un mensaje videograbado en el que dijo: "Es hora de poner en libertad al señor Hakamada para demostrar a la gente que ustedes son un pueblo civilizado y que pueden admitir cuando se ha cometido un error".

Pero sólo cuatro condenados a muerte han sido absueltos en nuevos juicios desde la Segunda Guerra Mundial, el último en 1989. Uno de ellos esperó 33 años y cuatro meses antes de ser exonerado en 1983.

Pero los proponentes de la pena de muerte, como el ministro de justicia Kunio Hatoyama, dicen que el sistema tiene suficientes controles como para asegurar una administración equitativa de la justicia.

Hakamada, ahora de 72 años, ha pasado décadas aislado en una celda. Su familia dice que su mente se ha deteriorado considerablemente y que muchas veces lo que dice no tiene sentido. Pero ellos se aferran a las protestas de inocencia de aquél.

"Les demostraré que vuestro papá nunca mató a nadie, y que es la policía la que lo sabe bien y son los jueces los que se sienten avergonzados", escribió Hakamada en una carta a su hijo en 1983. "Romperé esta cadena de hierro y volveré con ustedes".

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