Debaten qué hacer con los gatos del Viejo San Juan

SAN JUAN (AP). Puerto Rico, en la mira de las organizaciones protectoras de animales por escándalos en torno a la matanza de perros y purasangres, encara ahora otro dilema relacionado con el mundo animal: qué hacer con los gatos callejeros que deambulan por la ciudad vieja.

Hay quienes dicen que los gatos son un atractivo turístico, igual que las angostas calles de adoquines y el palacio de La Fortaleza.

Otros, entre ellos el gobierno puertorriqueño, afirman que los felinos son una molestia, que pueden representar un riesgo para la salud y restarle encanto a la zona.

El jefe de veterinarios del Departamento de Salud, Carlos Carazo, propuso que los gatos sean encerrados en un edificio vacío.

"Destapan los tachos de basura, huele a gato por toda la ciudad, hay gatos con problemas de piel, débiles, que entran y salen de viejos edificios vacantes", expresó Carazo. "Para mí, dejar que estos gatos deambulen por la ciudad es en sí un acto de crueldad hacia los animales".

La organización comunitaria Salve un Gato dice que en los últimos tres años un programa por el cual captura, castra y libera a los felinos ha reducido a más de la mitad la población de gatos asilvestrados, como se denomina a los animales domesticados que vuelven a la calle y viven como animales salvajes.

Campañas que plantean la remoción de esos gatos de las calles tropezaron con protestas en el pasado.

"Queremos que los gatos tengan la mejor vida posible", declaró la presidenta de Salve un Gato Sylvine Sherwood. "Sentimos un gran respeto por la vida".

El tema de los gatos hizo que cobrase nuevamente prominencia el trato a los animales en Puerto Rico. En octubre pasado, estalló un escándalo al revelarse que muchos perros estaban siendo arrojados desde puentes, enterrados vivos o sacrificados de forma inhumana. La noticia dio la vuelta al mundo y generó condenas internacionales y llamados a un boicot turístico de la isla.

Posteriormente, en mayo, otra investigación de la AP indicó que en Puerto Rico se matan unos 400 purasangres por año, muchos de ellos en perfecta salud, porque sus propietarios dicen que es muy caro mantenerlos cuando dejaron de correr.

Los gatos sueltos del Viejo San Juan son alimentados por gente que les deja comida y agua, con frecuencia cerca de un bonito pasaje al pie del Castillo San Felipe del Morro, la fortaleza que domina la entrada a la Bahía de San Juan.

Los gatos, que lucen saludables y son la prole de animales domésticos abandonados, salen de sus refugios, comen apresuradamente lo que encuentran y se vuelven a escabullir, metiéndose entre las rocas de la costa.

De vez en cuando se ve algún gato durmiendo al pie de la histórica catedral donde está enterrado el explorador español Juan Ponce de León. En muchos automóviles estacionados se ven huellas de los gatos y algún que otro recuerdo de ellos. Pero esto no le molesta a los defensores de los animales.

"Los gatos son algo muy bueno para el Viejo San Juan", manifestó Lady Lee Andrews, cuyo negocio de artesanías y objetos turísticos vende artículos alusivos a los gatos. "No le hacen mal a nadie y la mayoría de los visitantes quedan encantados con ellos".

Sherwood dijo que el programa de captura, castración y liberación hizo que la población felina de la zona costera disminuyese de los 250 animales del 2005 a los 85 de hoy. El programa es una réplica de programas similares empleados desde Nueva York a Buenos Aires.

La colonia de gatos seguirá disminuyendo a medida que se castra a los animales, indicó Lesleigh Cox, de Salve un Gato.

El Servicio de Parques de Estados Unidos, que administra el Castillo de San Felipe, cambió de parecer y ahora está a favor del programa de castraciones.

El superintendente del servicio, Walter Chávez, propuso en el 2004 el que se retirasen a todos los gatos de la zona. Pero archivó la propuesta cuando miles de personas firmaron peticiones oponiéndose a esa iniciativa, por temor a que los animales fuesen sacrificados.

El gobierno cuestiona las cifras de Salve un Gato.

Carazo sostiene que el programa no funciona porque muchas personas irresponsables siguen deshaciéndose de sus gatos y porque los gatos pueden portar enfermedades incluso si son esterilizados.

Dice que los gatos representan muchos riesgos para la salud, incluido el contagio de toxoplasmosis, una infección propagada por parásitos que puede ser transmitida por gatos que muerden o rasguñan a una persona. Puede acarrear serias complicaciones a los fetos humanos y a las personas con sistemas inmunológicos débiles.

Carazo piensa plantear a las autoridades municipales que se albergue a los gatos en un edificio abandonado, donde los voluntarios de Salve un Gato podían atender a los animales y buscarles un hogar.

En Puerto Rico no es necesario registrar a los animales ante las autoridades y no se acostumbra a castrar ni esterilizarlos, afirmó Carazo. Ello obedece en parte al alto costo, aunque incluso cuando se hace gratis poca gente opta por ese camino. "Seguiremos trabajando para resolver este problema, en lo posible sin tener que sacrificar ningún gato".

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