Ex soldado de EEUU expulsa sus demonios remando

Dos periodos como soldado en Afganistán dejaron secuelas en Joshua Ploetz.

El ex infante de Marina fue herido en el estallido de una bomba al lado de una carretera. Perdió amigos en combate y después por suicidio.

Cuando Ploetz, de Winona, Minnesota, regresó de la guerra hace ocho años, enfrentaba trastorno por estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), las consecuencias de un accidente cerebrovascular menor y otras lesiones. Para Ploetz era difícil adaptarse a la vida civil. Fracasaba en relacionarse, conseguir trabajo le era complicado y afirmó que lo abrumaba el sentirse "perdido".

Este verano, Ploetz, de 30 años, se fijó un propósito y se volvió un ejemplo de motivación: cruzar el río Mississippi remando en canoa. Partió el 19 de mayo del lago Itasca, Minnesota, donde el río comienza como un arroyo angosto al que flanquean árboles grandes con nidos de águilas calvas.

El viaje al Golfo de México le tomaría 71 días, 49 de ellos remando y los restantes descansando. Ploetz dijo que necesitó cada centímetro de los más de 3.700 kilómetros (2.300 millas) para remar y espantar a sus demonios de la guerra, o al menos para apaciguarlos un poco.

"La vida pasa más lenta y se pueden apreciar cosas", afirmó. "Lo único que hay que hacer en pensar en lo que uno tal vez no quiere pensar, en las cosas que se presentan o en las que uno debería pensar, y de cierta forma uno resuelve las cosas mentalmente", apuntó.

La idea de recorrer el río surgió en Ploetz hace años cuando por casualidad conoció en un bar al autor del libro "Floating Down the Country", Matthew Mohlke, quien le dijo que el texto describía el viaje que hizo en solitario en canoa en 1999 por el Mississippi.

Ploetz afirmó que la semilla quedó plantada para tener su propia "experiencia por el río".

Ploetz creó una página de Facebook llamada "Paddle Off The War" a fin de realzar su recorrido y generar conciencia en otros respecto al PTSD.

Uno de los momentos más memorables fue una recepción a un lado del río que le dispensaron unos 100 infantes de marina uniformados y una banda musical cuando Ploetz tomó una curva en Nueva Orleáns.

Ploetz hizo amigos en su trayecto, como Aleks Nelson, experto en kayak, de Duluth, Minnesota, que lo acompañó durante 10 días y remó con él hasta el final. Ploetz había llevado con él un bastón fabricado con la parte del sostén de una camilla que se utilizó para trasladar efectivos heridos en Afganistán, y al que él describió como un símbolo de la esperanza para los ex soldados que viven con problemas.

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