Grafiteros en Los Angeles se tornan violentos

LOS ANGELES (AP). Un hombre fue lesionado de una puñalada y otro fue herido de un disparo en el pecho. Un niño de 6 años quedó ciego temporalmente cuando le arrojaron pintura en aerosol en la cara.

Con todo, los tres tuvieron suerte entre quienes han tenido conflictos con pandillas que realizan pintas callejeras o grafitos.

En los últimos dos años y medio en el sur de California, tres personas han sido asesinadas luego de intentar detener pintas vandálicas en el acto. Una cuarta persona murió luego de recibir un disparo cuando miraba un enfrentamiento entre vándalos en un parque.

"Hemos visto un marcado incremento de estas pandillas dedicadas a pintas que están tomando las armas para proteger sus paredes, su territorio y su nombre", dijo el teniente Robert Rifkin, alguacil del condado de Los Angeles.

El condado de Los Angeles ha combatido las pintas callejeras durante décadas, gastando 30 millones de dólares anuales para repintar y limpiar las paredes, retirando emblemas, nombres y otras imágenes pintadas con aerosol en tiendas, muros de concreto de canales, líneas de ferrocarril, casetas telefónicas y autobuses, incluso en patrullas policiales.

El gobernador Arnold Schwarzenegger promulgó recientemente una ley que obliga a los vándalos hallados culpables de realizar pintas a que las borren.

Para algunos de estos vándalos, proteger su trabajo es como defender su nombre y su honor.

"Si vemos a alguien llamando a la policía lo ubicamos", dijo Mario García, de 20 años, quien se describe como un ex grafitero que intenta convertirse en artista profesional. "¿Quieres que deje de hacer por lo que vivo, en lo que creo y por lo que respiro? No vamos a permitir que nadie se interponga en el camino", enfatizó.

Los trabajadores que retiran las pintas dicen que toman precauciones si encuentran una pandilla trabajando. Esperan a que los grafiteros se vayan para realizar la limpieza.

"No les decimos nada", comentó Rogelio Flores, cuya compañía Graffiti Busters está contratada por el gobierno de Los Angeles para retirar las pintas con chorros de alta presión. "No sabemos qué clase de armas tienen", agregó Flores.

La policía le ha pedido a los residentes que se resistan a confrontar a los pandilleros.

"No vale la pena el riesgo", señaló Rifkin. "Respire profundo, retroceda y llame a las fuerzas del orden", apuntó.

Parte de la violencia ha sido entre grupos de grafiteros rivales, las cuales están actuando cada vez más como pandillas callejeras. Algunos casos de derramamiento de sangre han involucrado pandillas callejeras reales que marcan su territorio con sus nombres o emblemas, pero algunas de las víctimas han sido personas inocentes.

En un ataque ocurrido el mes pasado, dos jóvenes rociaron pintura en aerosol en la cara y el cuerpo de un niño de seis años que los vio garabateando símbolos de pandilla sobre una pared cerca de Compton. El niño se recuperó de quemaduras químicas en los ojos.

El mismo día, un mecánico automotriz de 51 años recibió un disparo en el pecho en Los Angeles cuando confrontó a dos presuntos pandilleros que estaban pintando una pared de su negocio.

Otro hombre, Michael Lartundo, de 26 años, fue acuchillado en la mano y el brazo en marzo luego de gritarle a un grupo de grafiteros vándalos que pintaban una pared atrás de la casa de su hermano en el suburbio de Whittier.

"Sólo les dije que no estaba bien", recodó Lartundo. "Les dije 'Si van a pintar sobre una pared, háganlo sobre la suya'".

El ataque más reciente ocurrió el 15 de julio, cuando un adolescente de 16 años fue baleado fatalmente cuando grupos rivales de grafiteros se encontraron en un parque para pelear. La víctima estaba entre una multitud de observadores.

En agosto pasado, María Hicks, de 58 años, recibió un disparo en la cabeza y murió luego de encender y apagar los faros delanteros y tocar la bocina frente a un adolescente que estaba pintando con aerosol una pared ceca de su casa en Pico Rivera, un suburbio de clase obrera del este de Los Angeles. Cuatro personas han sido acusadas de ese homicidio.

Diez días después de la muerte de Hicks, Seutatia Tausili, de 65 años, fue baleada fatalmente y su nieto herido cuando dijo a unos grafiteros vándalos que dejaran de pintar un contenedor de basura afuera de su casa en Hesperia, en el condado de San Bernardino. Tres hombres fueron acusados de homicidio.

Robert Whitehead murió a disparos en 2006 en el área de Valinda, en el condado de Los Angeles, cuando intentó evitar que unos grafiteros marcaran la cochera de un vecino. Los investigadores arrestaron a un hombre presuntamente vinculado a una pandilla de prisión llamada la Mafia Mexicana.

El artista Dartagnan Curiel, de 31 años, comentó que acostumbraba realizar pintas, pero que se asqueó de la violencia. Ahora Curiel pinta murales con mensajes positivos como una forma de expresarse contra el derramamiento de sangre en su barrio de Los Angeles y para alentar a grafiteros vándalos y pandilleros a dejar sus armas.

"¿Por qué querrían arrojar pintura a la cara de un niño?", pregunta. "Vivimos en la misma comunidad. Estamos todos juntos en este infierno", agregó.

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