Holocausto atormenta a sobrevivientes

BOCA RATON, Florida, EU (AP). Casi todas las noches, la pesadilla de Martin Hornung evoluciona hacia la misma carga agobiante: Auschwitz, voces que gritan; escenas que preferiría no volver a vivir a la luz del día.

"Casi temo ir a dormir", comentó el ingeniero en computación jubilado de 86 años.

Los horrores que acuden nuevamente a Hornung en la oscuridad son comunes entre los sobrevivientes al Holocausto, y son la razón por la que se niega a ingresar a una casa de reposo a pesar de su gran número de problemas de salud.

Organizaciones judías en todo el mundo está trabajando para mantener a los sobrevivientes fuera de tales instituciones, donde el ambiente y las rutinas _extraños uniformados, cuartos de duchas desolados, los procedimientos médicos_ pueden agravar los recuerdos del pasado en campos de concentración.

"Los atemoriza y los regresa al Holocausto", dijo el doctor Jaclynn Faffer, director ejecutivo de Ruth Rales Jewish Family Service, uno de los grupos que ayuda a mantener a los sobrevivientes fuera de casa de descanso para ancianos.

Hornung ni siquiera consideraría mudarse a uno de esos lugares. "Me suicidaría", subrayó.

Aproximadamente 93,000 sobrevivientes del Holocausto viven en Estados Undios, y el sur de Florida alberga una de las mayores poblaciones de ellos. Los más jóvenes tienen alrededor de 65 años, pero muchos son bastante más grandes de edad.

No hay un desglose definitivo sobre cuántos están viviendo de manera independiente y de cuántos reciben asistencia, pero muchos están viviendo abajo de la línea de pobreza y requieren ayuda.

"La capacidad de resistencia que han mostrado desde la guerra es sorprendente", dijo Paula David, una trabajadora social que ha trabajado en Toronto con más de 2,000 sobrevivientes del Holocausto en los últimos 20 años y que ha estudiado los problemas específicos de esa población conforme envejece. "La parte dura es que sin importar lo que hacemos, no podemos hacerlo muy bien".

Los recuerdos del pasado pueden llegar a un sobreviviente en cualquier momento. Una alarma de incendios; un acento extranjero. Estar formado en una fila.

En una ocasión, David vio a un sobreviviente que comenzó a gritar en la festividad del Año Nuevo Judío mientras actuaban los músicos: Resulta que se interpretaba música mientras se asesinaba a la gente en campos de concentración.

Una de las personas atendidas por David dormía con botas de excursionismo bajo su almohada para asegurarse que podría huir. Otro acumulaba pan en su armario para no morir de hambre.

Para Alex Moscovic, quien sobrevivió al campo de concentración de Birkenau y a los terribles experimentos médicos del doctor Josef Mengele, lo atacó un recuerdo del pasado en la silla del dermatólogo.

Moscovic requería que le extirparan un crecimiento canceroso del tamaño de una moneda de 10 centavos de dólar. El doctor cauterizó el área y el paciente comenzó a temblar incontrolablemente.

"El olor (de piel quemada) me trajo los recuerdos", señaló Moscovic, de 77 años. "La única forma de dejar realmente Birkenau era a través de las chimeneas (tras ser cremado)".

Expertos han visto reacciones similares en otras poblaciones, incluidos veteranos de guerra y sobrevivientes de genocidio en Ruanda y otros lugares.

Se anticipa que los recuerdos del pasado sólo pueden empeorar conforme estos grupos envejecen, por lo que quienes les proporcionan asistencia médica están tratando de impartir lecciones aprendidas de los sobrevivientes del Holocausto.

Para estos sobrevivientes judíos, permitírseles permanecer e sus casas les ofrece cierta comodidad y rutina mientras cambia mucho de lo que está a s alrededor.

El grupo Ruth Rales proporciona a Hornung la ayuda de una enfermera tres veces a la semana, y el también recibe comida que le envían.

Hornung cuidó durante 10 años a su esposa, también sobreviviente del Holocausto, mientras ella caía en la neblina del Mal de Alzheimer, el cual junto con otras formas de demencia complica aún más el proceso de envejecimiento de los sobrevivientes.

Ella llegó a estar tan confundida que pensaba que su esposo era un guarda nazi. En una ocasión lo apuñaló en el pecho.

Luego de la muerte de su esposa en el 2001, Hornung fue diagnosticado con cáncer de colon. El aún está lúcido, pero tiene problemas respiratorios.

Ann Speier, de 85 años, hace mucho que se retiro de su trabajo de corte y confección, y al igual que Hornung vive en Century Village, en Boca Ratón.

Es un lugar popular para los sobrevivientes en sus últimos años de vida. Ella también es atormentada por recuerdos del pasado. "Trato de no pensar, pero tengo que hacerlo", comentó". No desaparecen", agregó.

Tres días a la semana llega su asistente para llevarla al doctor, para ayudarla a ir a la alberca y en quehaceres de la casa. Sin la ayuda, comentó Speier, no podría existir.

La vista de Speier casi ha desaparecido. Todos y todo le resulta borroso. Pero ella reconoce a Lila Vaughn, su asistente social de Ruth Rales, cuando llega. Ella luce radiante y acaricia la cara de Vaughn. Y luego del transcurso de algún tiempo, la asistente tiene una pregunta para Speier: "¿Quiere que me vaya o quiere que me quede?".

"Me gustaría que te quedaras todo el día conmigo", responde Speier. "Es tan duro; tan solitario", agrega.

Vive la adrenalina de la 7ma temporada


Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes