Hospital de "Atrapado sin salida" sigue dando de qué hablar

SALEM, Oregón, EU ( AP). Don Whetsell enterró a su abuelo el año pasado, dando finalmente descanso a sus cenizas 60 años después de su muerte.

El lecho final junto al de su esposa fue mucho mejor que el previo: Un estante con los restos abandonados de otros 3,500 internados en un área llamada la " sala de las almas olvidadas".

Whetsell es una de 120 personas que pidieron los restos de seres queridos que habían sido dejados en un hospital psiquiátrico de Oregón, algunos de ellos en recipientes de cobre corroídos.

Funcionarios del hospital esperan que una nueva lista en la internet les ayude a reunir a seres queridos sobrevivientes con pacientes y reclusos que murieron en el Hospital Estatal de Oregón entre 1914 y los años 70.

" Yo no podía descansar", dijo Whetsell, al describir su necesidad de enterrar las cenizas de su abuelo. " Conocí a mi abuela durante muchos años y la quise mucho. Me hizo sentirme bien. Yo sé que ella estaría contenta".

El abuelo de Whetsell, Nathan McComber, falleció a inicios de los 40 luego de ser considerado demente y hospitalizado con síntomas que en tiempos actuales probablemente habrían llevado a un diagnóstico de Alzheimer, dijo Whetsell, de 79 años.

Las cenizas de McComber estaban en un bote de cobre que no parecía estar dañado, dijo Whetsell.

El decrépito Hospital Estatal de Oregón fue el escenario de la película " Atrapado sin salida", de 1975, que enfocó la atención del país en el tratamiento de los pacientes en algunos hospitales psiquiátricos. En el 2004, un grupo de legisladores se topó con los restos mientras recorría el hospital y prometió mejorar las condiciones para los enfermos mentales en el estado.

El descubrimiento fue un catalizador para la aprobación de un nuevo hospital mental y un incremento del personal.

" Esos restos han hecho mucho ya para cambiar la forma en que lidiamos con la salud mental", dijo el presidente del senado estatal Peter Courtney, quien presionó por cambios en el hospital tras descubrir los restos en la visita.

Las autoridades consiguieron identificar a todas las almas olvidadas, a excepción de cuatro. Los legisladores hicieron posible la publicación de los nombres al aprobar una ley que eximía la lista de las normas que rigen el derecho a la privacidad médica.

Los familiares pueden hacerse cargo de los restos si pueden demostrar que están relacionados sanguíneamente o por adopción.

Mimi Stang, de 70 años, fue a la habitación donde estaban los restos a recoger las cenizas de su tío, que falleció en el hospital en 1944. Dice que fue abrumador ver a tanta gente " que uno sabe fueron individuos, que tuvieron una vez sus vidas".

" Y allí están, esperando aún en un estante que alguien se los lleve", dijo Stang.

Los primeros pacientes fueron trasladados recientemente al nuevo hospital psiquiátrico de 620 camas, dejando detrás un complejo en ruinas, con pintura tóxica, asbesto y goteras en el techo. El 40% del edificio estaba inutilizable, lleno de excremento de palomas y montones de equipo médico desechado.

El viejo edificio fue diseñado sobre la base de antiguas teorías de atención psiquiátrica. El personal fue criticado en el 2008 por mala administración, luego que una inspección federal encontrase ratones en las habitaciones, muertes por neumonía y brotes de sarna, además de casi 400 casos de violencia entre pacientes en los baños.

La nueva instalación está construida con vidrio a prueba de impactos en lugar de las rejas del viejo hospital, y muchos pacientes tienen sus propias habitaciones, lo que les da privacidad y dignidad que ayuda en sus tratamientos.

" Hemos realizado numerosas mejoras en el hospital", dijo la portavoz Rebeka Gipson-King. " Aún hay mucho que hacer para cuidar a nuestros viejos pacientes".

Los planes del nuevo hospital instituyeron un memorial y sitio de sepultura para los restos que no sean reclamados. Se espera que el memorial sea inaugurado en el 2012.

Whetsell espera que las familias acudan a reclamar los restos de las otras 3,500 personas olvidadas, y que cualquier veterano de guerras en el grupo reciba los honores militares indicados.

Pero él no considera acabado su trabajo. Está ahorrando unos pocos dólares mensuales y espera finalmente poder pagar un entierro para su hermano mayor, Kenneth Whetsell, quien falleció en el hospital a los 11 años de edad tras haber sido ingresado por persistentes convulsiones.

" Se ha vuelto mi misión", dijo. " Y no la he terminado".

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