Iglesia Anglicana al borde de rompimiento

LONDRES (AFP). El controvertido principio de la ordenación de mujeres obispos en Inglaterra por la Iglesia Anglicana a comienzos de la semana ha creado una grave crisis en esa institución, con las amenazas de escisión de más de 1,300 miembros del clero.

Tras un apasionado debate entre liberales y tradicionalistas, el Sínodo de la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia madre de la comunidad anglicana, reunido el lunes en York (norte), aprobó con una confortable mayoría el principio.

Un texto para implementar la reforma será presentado al Sínodo en febrero y luego sometido a la aprobación diocesal, antes de volver al Sínodo en 2011 o 2012. Es poco probable que una mujer obispo asuma funciones antes de 2014.

El Vaticano lamentó el martes esta decisión y afirmó que ella constituirá "un nuevo obstáculo a la reconciliación" que "tendrá consecuencias para el diálogo" entre anglicanos y católicos, "que comenzaba a dar frutos".

Los sacerdotes y obispos de la Iglesia católica son exclusivamente de sexo masculino y las mujeres no pueden oficiar la misa.

Esta votación consagró la influencia de los liberales, al punto que el Sínodo rechazó mociones de compromiso con los conservadores, lo que inquieta al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, quien pese a militar en la línea modernizadora, no deja de preocuparse por el riesgo de una escisión.

La instauración de "súper obispos", que habrían sido encargados de oficiar en las parroquias que rechacen a las mujeres obispos, fue rechazada, por ejemplo, lo mismo que la creación de nuevas diócesis para las parroquias que se negasen a aceptar a las mujeres obispos.

La única concesión a los tradicionalistas tiene que ver con un código de conducta, cuyo contenido está aún por precisar, para quienes sus convicciones religiosas les impidan reconocer la legitimidad de las mujeres obispo.

De este modo, el Sínodo ignoró la amenaza de más de 1,300 religiosos anglicanos, entre ellos 11 obispos, que escribieron al arzobispo de Canterbury anunciándole que estaban decididos a romper con la Iglesia de Inglaterra si ésta no imponía su veto al obispado femenino.

El obispo tradicionalista de Fulham, John Broadhurst, lanzó una advertencia después de la votación del lunes. "Pienso que muchos de nosotros han dicho claramente que si no se nos da los medios para vivir con dignidad, inevitablemente nos están empujando hacia la puerta de salida", dijo.

Los desacuerdos surgidos con motivo del Sínodo pusieron de nuevo bajo los reflectores las querellas, en torno a la ordenación de mujeres y a la homosexualidad, que agitan en su conjunto a la comunidad anglicana, que cuenta con unos 77 millones de fieles en el mundo.

Las fracturas en el seno de la Iglesia anglicana no son nuevas, desde la ordenación, en 1989, de Barbara Harris, la primera mujer obispo anglicana, por la Iglesia episcopal estadounidense. La decisión, en 2003, de este misma Iglesia, de ordenar obispo de New Hampshire (nordeste) a un eclesiástico abiertamente homosexual, Gene Robinson, no hizo sino agravarlas.

Más recientemente, la boda religiosa de dos sacerdotes homosexuales, a mediados de junio, en Londres, aceleró el clima cismático que agita a la Iglesia anglicana, la mayoría de cuyas ramas en el Tercer Mundo se resisten al nombramiento de mujeres obispos y se oponen a la homosexualidad.

Ello no obstante, 15 provincias episcopales de obediencia anglicana han votado ya a favor del nombramiento de mujeres obispos, entre ellas las de México y Centroamérica, a las que se suman cuatro -Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos- que ya han consagrado obispos mujeres.

Lo que no impidió que en un cónclave realizado a fines de junio en Jerusalén, unos 300 obispos y arzobispos anglicanos conservadores formaran una nueva comunidad en el seno de la Iglesia anglicana, denunciando la línea liberal hacia la homosexualidad y la "decadencia espiritual" en Occidente.

Estos disidentes, que se comprometieron a permanecer en la Comunión Anglicana mundial, pero formando un consejo de obispos propio, no hacen sino debilitar un poco más la autoridad del Arzobispo de Canterbury.

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