Metinides, el fotógrafo que retrató con ojo artístico la muerte

México ( EFE). Enrique Metinides no había cumplido once años cuando fotografiaba en Ciudad de México hechos de sangre, inspirado en los filmes de gángsters a los que era aficionado. Estas imágenes del México del siglo pasado aún impactan por su extraña belleza.

" Mis fotografías las hice como si fueran una película, hacía toda una inspección de la escena, retrataba la casa, el arma, la bala, la sangre", comenta Metinides, en una entrevista con Efe realizada en su departamento, un pequeño museo de sus colecciones de miles de carritos de bomberos y ambulancias.

La fotografía y los hechos de sangre los llevaba en las venas. A los once cumplidos, cuando aún iba a la escuela primaria, publicó su primera foto, la de un incendio, en un diario capitalino y desde entonces fue llamado "El niño".

Esa foto la tomó con una cámara alemana que le regaló su padre, quien tenía una tienda de venta de artículos fotográficos junto al Hotel Regis, el mismo que décadas después retrató entre escombros cuando un terremoto lo echó abajo en 1985.

Metinides (Ciudad de México, 1934), hijo de inmigrantes griegos, fotografió durante casi cinco décadas accidentes, suicidios y homicidios para periódicos y revistas sensacionalistas, como La Prensa, Crimen, Alarma o Nota Roja, pero sus imágenes de la muerte tienen algo especial, son artísticas.

Nunca estudió fotografía ni ninguna especialidad en arte, el cine fue su inspiración.

" Mis primeras fotografías de cadáveres, cuando tenía menos de once años, las hice en una delegación (comisaría), donde me dejaban retratar a los muertos y a los detenidos", aseguró Metinides, quien muestra fotos de niño donde aparece armado con su cámara.

Fue un fotógrafo profesional quien lo descubrió en la década de 1940 cuando captaba imágenes de un accidente, lo convirtió en su ayudante y desde entonces comenzó a publicar en el diario La Prensa.

Metinides se convirtió en un intrépido fotorreportero que se trepaba a las ambulancias para ser el primero en llegar a los accidentes o las escenas del crimen.

En alguna ocasión no llegó a tiempo porque la ambulancia en la que iba se volcó. Esta actitud temeraria le costó la fractura de siete costillas y varias veces salvó la vida, gracias a su "buena suerte", al salir ileso de explosiones o derrumbes.

Una vez estuvo perdido dos días en el volcán Popocatépetl, adonde acudió a cubrir un accidente aéreo.

Como fotoperiodista cubrió 189 accidentes aéreos en su carrera de 49 años. Una cosa curiosa, nunca ha salido del país, ni siquiera para asistir a exposiciones de su obra en Europa o Estados Unidos, porque teme "a las alturas".

A ningún adulto le chocaba que un niño tomara fotos de muertos y accidentes. Es más, según relató "El niño", muchas veces fue cargado en hombros por bomberos para que captara mejores imágenes.

Otra característica de las imágenes de Metinides es que en ellas aparecen "los mirones", personajes clave en sus fotografías en las que en muchas ocasiones éstos se olvidan del muerto para mirar a la cámara de "El niño".

Una de las fotos que más impactan por su composición es la de una bella mujer que muere atropellada. Metinides la capta en medio de la tragedia como si estuviera dormida.

Otra, es la de un obrero que muere electrocutado sobre una telaraña de cables aéreos. El cuerpo quedó suspendido con los brazos abiertos de cara al cielo, como implorando.

Metinides, quien se retiró en la década de 1990 después de que fue despedido, asegura que a lo largo de su carrera se acostumbró a la muerte pero no al dolor de las víctimas y menos cuando se trataba de niños.

A veces, confiesa, lloraba por las noches. Ese dolor lo llevó a tomar un curso de paramédico y cuando en un accidente había muchos heridos, primero tomaba fotografías y luego ayudaba a la gente, cuenta orgulloso mientras muestra un imagen donde aparece cargando a un niño que sobrevivió a un accidente en una carretera.

Fue amigo de bomberos, médicos, policías, periodistas y criminales, personajes que le atraían cuando de niño veía las películas de gángsters desde la butaca de un cine del México de los años 40.

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