Niña haitiana se salva de la muerte

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BAIE D'ORANGE, Haití (AP). En una tarde reciente, una madre joven cocinaba a escondidas en su humilde vivienda, tratando de que sus vecinos celosos no se percaten de su presencia ya que ellos no cuentan con la ayuda alimentaria que ella recibe.

Su hijita de 4 años portaba una tímida sonrisa de expectativa ante su próxima comida. La pequeña, Venecia Louis, hace unos meses se hizo célebre a nivel mundial gracias a una foto de la AP que la mostraba demacrada y famélica, aferrada a una escala donde se la estaba pesando.

La pequeña lleva un mes recibiendo un tratamiento especial contra la desnutrición, y hoy camina, juega y hasta se le ve una incipiente gordura de bebé.

Venecia es una de miles de niños desnutridos que fueron trasladados en avión desde esta remota región del sudeste de Haití hasta hospitales en Puerto Príncipe, tras la muerte de 26 pequeños aquí. Como resultado de ello, Venecia y su familia reciben ayuda especial.

Venecia sonreía mientras su madre, Rosemen Saint-Juste, preparaba una olla de arroz. La chiquita ha aumentado un poco de peso y sus piernas y brazos parecen más robustos tras un tratamiento con antibióticos, medicamentos antiparásitos y leche enriquecida. Aun así, dista mucho de estar curada del todo.

La madre, de 30 años de edad, acapara cuanto alimento puede para proteger a sus pequeños pero debe donar algo a las empobrecidas familias que viven a su alrededor. De lo contrario, teme, la agredirán o le practicarán un maleficio vudú.

"Esta comida me durará tal vez tres días", comenta la joven después de darle algo a sus vecinos. "Si no lo comparto con ellos, el demonio se llevará a mis niñitos".

La hambruna en Haití se ha agravado en semanas recientes tras el paso de feroces tormentas tropicales que destrozaron cosechas, borraron caminos y aislaron a muchos campesinos que dependían del traslado a centros de mercado para vender sus productos y comprar comida para sus familias.

Pero poca gente le prestó atención a las aldeas de Baie d'Orange, erguidas en una colina a unos 1,800 metros sobre el nivel del mar, hasta que el mes pasado surgieron tenebrosos reportes de muertes y desnutrición.

Agencias internacionales de ayuda desde entonces han intensificado su respuesta a la crisis, enviando personal a esta remota zona accesible sólo por un tortuoso sendero montañoso plagado de maleza salvaje y puentes quebrados.

El Programa Mundial de Alimentos ahora suministra productos a 5,000 personas cada dos semanas aquí, principalmente arrojando paquetes desde helicópteros. La estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) ha incrementado sus programas alimenticios en 4,5 millones de dólares en todo Haití.

Organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras y Medicins du Monde están erigiendo centros de acoplo y nutrición a medida que exploran las zonas rurales en busca de víctimas del hambre, pero en ningún lugar han visto la situación tan grave como en Baie d'Orange, dijo Francois Servranckx, portavoz de Médicos Sin Fronteras.

Las fotos y crónicas de la AP sobre Valencia y otros niños desnutridos han generado un caudal de ofertas de ayuda de todo el mundo. La congresista demócrata Maxine Waters mencionó el despacho de la AP cuando pidió a la USAID que ubique a todos los niños haitianos en peligro de muerte, y prometió hacerle seguimiento al caso con el embajador haitiano y con el presidente Rene Preval.

Pero en las zonas remotas de Haití, donde no hay siquiera caminos que vinculen a aldeas vecinas, muchos de los necesitados ignoran cómo pedir ayuda, o no están en el lugar indicado cuando llega alguien del exterior.

Las donaciones son, en todo caso, poco más que un paliativo. Mucho más importante es conseguir apoyo para reparar los campos, para que los campesinos pobres puedan alimentarse.

La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura envió semillas a unas 400 familias el mes pasado, y Oxfam también está distribuyendo suministros agrícolas, pero los campesinos dicen que les falta lo más importante: equipos para reparar sus campos.

"Si nos dan semillas sin fertilizantes, no podemos cultivar nada", se quejó Enock Augustin, cuya hijita de 5 años, Bertha, también fue hospitalizada.

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