Programa humanitario de Guerra Fría tuvo lado secreto

BAD AROLSEN, Alemania (AP). En el altillo de una oficina alemana hay una polvorienta carpeta con detalles de un capítulo olvidado de la Guerra Fría, una iniciativa humanitaria que, según se supo ahora, tuvo un lado secreto.

El "Programa para Fugados" contiene listas con los nombres de miles de personas que, con una combinación de engaños, astucias, actos de coraje y suerte, lograron cruzar la Cortina de Hierro que dividió a Europa luego de la Segunda Guerra Mundial y vivieron en libertad en Occidente.

El gobierno del presidente estadounidense Harry Truman lanzó el programa en 1952 para rehabilitar y reubicar a europeos orientales, que describió como héroes que desafiaron la tiranía comunista.

Documentos desclasificados recientemente revelan que, desde el comienzo, el programa fue más allá de darles una nueva vida e intentó usar a esta gente con fines propagandísticos y para recabar información de inteligencia. A algunos se les ofreció dinero para que volviesen a escondidas a sus países para conseguir información sobre las defensas soviéticas y la actitud de la gente ante los regímenes comunistas que había reemplazado a los ocupantes nazis.

Los archivos en el altillo del Servicio de Rastreo Internacional (SRI) aportan elementos desconocidos hasta ahora relacionados con este episodio de la Guerra Fría: Por años, una agrupación humanitaria que promueve la reunificación familiar investigó los antecedentes de la gente a pedido de Estados Unidos.

Periodistas de la AP, que habían tenido acceso numerosas veces al archivo en los dos últimos años, hace poco pudieron revisar los documentos del ático. Había cajas con viejas cartas en el piso y estanterías con carpetas de documentos que no fueron archivados. Allí estaban los documentos del Programa para Fugados, que aparentemente no habían sido tocados por años.

Los archivos tienen los nombres de 17,5 millones de personas que fueron asesinadas o perseguidas por los nazis. Las carpetas del Programa para Fugados que revisó la AP contiene detalles personales, nombres de familiares y movimientos y trabajos de las personas luego de huir a Occidente. No se sabe cuántas personas huyeron con este programa, pero el SRI dice que manejó más de 7.400 casos en el primer año del programa.

No hay indicios de que el programa hubiese sido coercitivo ni de que se le haya negado asilo a una persona que no quiso volver del otro lado de la Cortina de Hierro.

Miloslav K., por ejemplo, dice que rechazó un dinero que le daban por ir a Checoslovaquia, pero de todos modos se le permitió inmigrar a Estados Unidos, donde es hoy un jubilado en Nueva York.

Dice que llegó a pie a la frontera en diciembre de 1953 y fue a parar a un campamento de refugiados. Indica que le ofrecieron 1.000 marcos (cerca de 2.000 dólares, en una época en la que escaseaban el dinero y el trabajo) para que buscase información de inteligencia en Checoslovaquia. Afirma que sabía de alguien que aceptó y fue capturado la segunda vez que regresó a Praga, cuando visitaba a su esposa. No se volvió a tener noticias suyas, según Miloslav.

"Arriesgué mi vida al menos tres veces para escapar. ¿Piensa que por 1.000 marcos voy a arriesgar mi vida de nuevo?", le dijo al reclutador.

Uno de los programas encubiertos de la CIA, denominado Operación REDSOX, intentaba convencer a los refugiados de que regresasen al bloque comunista para promover la resistencia.

La mayoría de esos equipos fue capturada. Una historia de la CIA dice que el 75% de los 85 agentes reclutados por ese programa "se perdieron de vista y no cumplieron con sus misiones".

El Programa para Fugados no produjo la información de calidad que se esperaba y reflejó el caos que reinaba en los servicios de inteligencia en esa época, de acuerdo con Sarah-Jane Corke, autora del libro "Operaciones Encubiertas y Estrategia de la Guerra Fría: Truman, la CIA y la Guerra Secreta" (U.S. Covert Operations and Cold War Strategy: Truman, the CIA and Secret Warfare), publicado en el 2008.

La información suministrada por los fugados no era confiable y con frecuencia era exagerada para impresionar a los estadounidenses y garantizar que los ubicasen en algún sitio, manifestó Corke.

Indicó que "cuando se lanzaba el Programa para Fugados, las operaciones encubiertas de Estados Unidos en Europa Oriental se desmoronaban". Acotó en entrevista telefónica desde la Universidad de Dalhousie en Halifax, Nueva Escocia, que para 1952 los soviéticos habían penetrado o expuesto todas las misiones clandestinas de Estados Unidos en el Este. La credibilidad de la CIA era muy baja.

Uno de los fugados fue Jiri Wertheimer, quien, junto con un amigo llamado Zdenek Volf, se robó una avioneta y cruzó la frontera, esquivando el fuego de cazas checos y de soldados soviéticos apostados en torres.

Wertheimer, quien hoy tiene 80 años, declaró a la AP que en Checoslovaquia "había una dictadura y uno debía cerrar el pico porque podía ser arrestado por no seguir la línea del partido (comunista)".

"No queríamos pasar el resto de nuestras vidas en un sistema como este", añadió.

Tras aterrizar en una plantación de papas en Alemania, Wertheimer dijo que fue sometido a varios interrogatorios, primero por la CIA y luego por las agencias de inteligencia británica, francesa y alemana occidental.

Wertheimer, quien es ingeniero, trabajó con Boeing 33 años. Hoy vive en Newcastle, Washington.

Miloslav K. dijo que se fue de Checoslovaquia por las humillaciones que había sufrido a manos de los soviéticos.

"Nadie quería a los rusos. Stalin fue un dictador que había robado bancos. Nadie quería a los soldados rusos", sostuvo Miloslav, quien tiene 86 años. Trabajó en una imprenta y se jubiló. Asegura que no quiere publicidad, pero le encanta contar la historia de su fuga, en la que recorrió unos 200 kilómetros (120 millas) hasta llegar a una zona de Alemania ocupada por Estados Unidos.

Dice que se pasó siete días caminando por bosques y aldeas, implorando que le diesen comida, refugio y direcciones.

Se acuerda de toda la gente con la que se cruzó.

La frontera consistía en una faja de tierra de unos diez metros (30 pies), patrullada constantemente por soldados armados. Miloslav se escondió por horas detrás de una roca. Vio como se acercaban dos soldados rusos y un perro. Después de un rato se fueron y Miloslav decidió que había llegado su oportunidad.

"Había llegado la hora. Salí corriendo", relata. "De pronto me doy vuelta y veo que el perro pastor alemán viene detrás mío. Me dije 'se acabó todo'. Era un perro entrenado. Me saltó hacia la cara. Por suerte, yo tenía este portafolio y me cubrí el rostro. Tuve suerte. Lo golpeó a toda velocidad".

El perro se fue y los soldados salieron detrás suyo, sin haber visto a Miloslav. "Fue un milagro", sostiene.

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