Proliferan denuncias telefónicas falsas en EU

California (AP). Doug Bates y su esposa Stacey estaban acostados y sus hijas de dos años dormían cuando de repente escuchan el ruido de sirenas de la policía y helicópteros sobrevolando su barrio en un suburbio del sur de California. Pensaron que buscaban a algún delincuente.

Doug Bates cerró las puertas de la casa con llave y tomó un cuchillo. Una linterna le apuntó y se asomó al jardín, donde una cantidad de policías armados con rifles le ordenaron que salga de la casa. Bates obedeció, asustado, cuchillo en mano, y su esposa llamó histérica a 911, el número de emergencias de la policía. A ambos les colocaron esposa y les dijeron que se tiren al suelo mientras los policías inspeccionaban la casa.

Los agentes no encontraron el caos ni la carnicería que esperaban. Ni los Bates ni las autoridades sospechaban que eran peones en un juego de un adolescente a casi 2,000 kilómetros (1,200 millas) de distancia decidido a aterrorizar una familia desconocida.

Eran víctimas de una nueva forma de fraude, en la que se explotan las debilidades del sistema que tiene la policía para recibir denuncias telefónicas hechas a través de la internet. Es prácticamente imposible detectar estas denuncias falsas, que con frecuencia hacen movilizar a unidades especiales de la policía. Una investigación de la AP comprobó que muchos centros que reciben las llamadas al 911 tienen limitaciones de presupuesto y no pueden hacer mucho para contrarrestar estas interferencias con sus sistemas de computadoras.

La AP examinó cientos de páginas de documentos legales, escuchó grabaciones de denuncias que originaron la movilización de unidades de elite y entrevistó a más de dos decenas de expertos, investigadores, víctimas y personas que hicieron las llamadas.

Mientras Doug y Stacey permanecían esposados en el piso una noche de marzo del 2007, Randal Ellis, un chico de 18 años que vivía con sus padres en Mukilteo, estado de Washington, terminaba el cuento que hizo ir a la policía a la vivienda del condado de Orange, acerca de un supuesto asesinato motivado por las drogas.

Ellis usó un servicio telefónico de la internet para personas que no pueden oír bien. Empleando información falsa sobre su ubicación, hizo aparecer como que la llamada venía de la casa de los Bates. Dijo que había consumido drogas y que había matado a su hermana.

Según los fiscales, Ellis eligió a los Bates al azar, igual que hizo con otras 185 denuncias falsas.

"Su hubiese tenido un arma en la mano, seguramente me habrían disparado", expresó Bates, quien tiene 38 años. Ellis fue sentenciado en marzo pasado a tres años de cárcel tras declararse culpable de fraude, secuestro y denuncia falsa de un delito.

En otro caso, las autoridades detuvieron a ocho personas acusadas de hacer 300 denuncias falsas, haciéndose pasar por gente que conocieron a través de la internet. Los tres líderes del grupo fueron sentenciados a cinco años de prisión y dos de sus integrantes recibieron condenas de dos años y medio. Uno se acaba de declarar culpable y podría ser sentenciado a 13 años de cárcel, mientras que los dos restantes todavía no fueron juzgados.

En un caso parecido, en Salinas, California, la policía rodeó un apartamento desde el cual alguien dijo que había un hombre armado con un rifle tratando de ingresar por la fuerza. En Hiawatha, Iowa, alguien hizo llamadas para denunciar un tiroteo en un sitio de trabajo, las cuales incluyeron ruidos de disparos y de quejidos de fondo. En noviembre, un adolescente se declaró culpable de hacer numerosas denuncias falsas durante un período de cinco meses en Worcester, Massachusetts, incluida una sobre una amenaza de bomba y otra sobre un individuo armado que hizo evacuar dos escuelas.

Con frecuencia estas denuncias falsas no son investigadas. Ese no fue el caso con la denuncia de Orange. El detective Brian Sims se pasó semanas consultando con proveedores de internet hasta que logró identificar a Ellis, usando una identificación de su computadora.

Las autoridades esperan que condenas largas ayuden a disuadir a la gente que pueda sentirse tentada a hacer denuncias falsas de que no son una buena idea. La tecnología de por sí sola no basta para prevenir estos delitos.

A diferencia de las llamadas que vienen de teléfonos fijos, que están registradas con una dirección física específica, y cuyos números aparecen en las pantallas de quienes las reciben, las llamadas hechas a través de computadoras no pueden ser rastreadas fácilmente. Lo mismo ocurre con llamadas hechas con líneas fijas o teléfonos celulares que usan servicios que permiten cambiar los datos del que llama y hacerlas aparecer como originadas en cualquier sitio.

Hay decenas de "spoofing services" que alteran los datos de la persona que hace la llamada. Lo único que debe hacer uno es pagar por una cierta cantidad de minutos, incorporar un número identificatorio y decir a quién desea llamar y qué identidad desea usar.

Esas llamadas son legales.

"No estamos capacitados para hacer frente a este fenómeno", admitió Roger Hixson, director de asuntos técnicos de la Asociación Nacional de Números de Emergencia, el organismo que maneja el sistema de llamadas al 911.

Modernizar el sistema de computadoras para acomodar las nuevas tecnologías de modo tal que se pueda identificar el origen de las llamadas será una tarea enorme y costosa.

Gary Allen, editor del portal Dispatch Monthly, de Berkeley, California, especializado en los centros de comunicaciones, dijo que un sistema sencillo, que permite identificar las llamadas que lleguen por internet, puede costar 5,000 dólares, algo que muchos centros de comunicaciones no pueden pagar.

Pocos modernizan sus centros porque las llamadas fraudulentas son un fenómeno nuevo y los centros de llamadas de emergencia rara vez reciben llamadas hechas por la internet.

Los investigadores dicen que las personas que hacen llamadas fraudulentas generalmente son impulsadas por una mezcla de maldad, deseos de revancha y necesidad de dominar a otros.

Jason Trowbridge, quien cumple una condena de cinco años de cárcel, dijo a la AP que las llamadas comenzaron inocentemente, llamando a pizzeros y cerrajeros para que se presenten en alguna vivienda, y fueron escalando, hasta convertirse en denuncias policiales.

"Nunca pensamos que alguien podía resultar lastimado o muerto por una llamada de estas", señaló.

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