Reclusos encuentran enseñanzas en diario de Ana Frank

DAYTONA BEACH, Florida, EU (AP). Charles Norman es un asesino convicto en Estados Unidos que cumple una pena de cadena perpetua en una celda más pequeña que algunos armarios. No existen muchas adolescentes con las que puede tener algo en común. Tal vez la excepción sea Ana Frank.

Norman es uno de aproximadamente 100 reclusos en todo Estados Unidos que leyeron este año el "Diario de Ana Frank", que narra los 25 meses que la joven judía alemana pasó en Amsterdam durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ser llevada a un campo de concentración nazi, donde murió. Al igual que Frank, los reclusos usaron diarios para reflexionar sobre su confinamiento.

"Ella tenía esperanzas de libertad, pero sus esperanzas fueron destrozadas", dijo Norman, de 60 años, en una entrevista en el Instituto Correccional de Tomoka, en Daytona Beach. "Yo también deseo la libertad. Con suerte, la obtendré".

El Centro Anne Frank de Nueva York envió diarios en blanco y copias del libro de Frank a los reclusos y más de 50 de ellos han devuelto ya sus diarios al centro, que los preservará. Los organizadores dicen que los mensajes de Ana Frank _ de generosidad, igualdad y respeto _ son universales, pero son especialmente relevantes para los reclusos.

Muchos de ellos descubrieron que tenían más en común con Ana que lo que esperaban, dijo Maureen McNeil, que coordinó el programa.

Antes de que el escondite de Ana en la parte trasera del edificio de la oficina de su padre fuese descubierto y ella y su familia fuesen enviados a campos de concentración nazis, la joven escribió sobre sus esperanzas, sueños y temores.

Los prisioneros lo entienden porque ellos tienen sus propias esperanzas y temores, dijo McNeil y también sienten que son discriminados, pero al menos algunos de los prisioneros reconocen las diferencias entre ellos y la adolescente, que se convirtió en símbolo de millones de personas inocentes que murieron durante el genocidio nazi.

Algunos reclusos admitieron haber agredido a otras personas. Al mismo tiempo, consideraron a Ana Frank una víctima que no mereció que la enviasen al campo de concentración en Bergen-Belsen, donde murió de tifus poco antes de que el campo fuese liberado.

"Su vida, su situación, fueron trágicas", escribió Bobby Biffel, de 32 años, en una carta a The Associated Press desde un penal en Texas en el que cumple una sentencia de 48 años de cárcel por asesinato. Biffel no vio similitudes entre su vida y la de Ana Frank.

Para él y otros reclusos, el aburrimiento y la soledad de la vida en prisión fueron el tema, pero narrar sus experiencias fue una catarsis que les ayudó a pensar críticamente sobre sí mismos, dijeron algunos reclusos.

"Yo tengo que creer que la palabra escrita tiene un valor redentor. Ana Frank es recordada por sus palabras, quizás yo lo sea también", escribió J.E. Wantz, de 37 años, desde una cárcel en Oregón, donde cumple una sentencia de 12 años por abuso sexual.

Al igual que Frank, algunos reclusos escriben sus diarios a un amigo imaginario. Ana Frank comenzó sus anotaciones con la frase "Querida Kitty". Algunos prisioneros escribieron a "Toby", el nombre de un gato, o incluso "Querida Ana".

Mientras que Ana Frank describió el cielo azul y el árbol de castañas que podía ver desde su escondite en el ático, el recluso Scott Strothers encuentra esperanzas en un campo vacío en las afueras de su ventana y en los venados, coyotes y halcones que lo frecuentan.

Frank habla del atentado frustrado contra Hitler y el avance de las tropas aliadas. Las olimpiadas y las elecciones presidenciales fueron temas constantes en los diarios de los prisioneros.

También fueron abordados temas más personales, como nostalgia por la familia, pensamientos suicidas y temores sobre audiencias legales. Los reclusos se quejaron de extorsiones, conteos obligatorios de prisioneros e incluso del correo. "Yo disfruto el correo basura. Al menos mencionan mi nombre", escribió un prisionero.

Otros temas populares incluyeron béisbol, libertad condicional y comida, como tacos servidos con "ketchup en lugar de salsa picante" y melocotones frescos "duros como piedras, pero reales". Un recluso confesó haber conseguido una botella de hooch, el licor carcelario.

Una mujer recordó haber compartido un tubo de maquillaje facial de contrabando con otras reclusas: "La sala entera estaba llena de muchachas con rostros brillantes".

Otros momentos, de tono más sombrío, son compartidos también. El 29 de mayo, el recluso Keyono Cook escribió desde Arizona: "El señor David Morris Smith #96659, Rack 18, murió hoy. De manera triste, las barracas han retornado a la normalidad".

En la Prisión Estatal Sussex I, en Virginia, William Van Poyck escribió: "Hace una hora el Commonwealth de Virginia ejecutó a mi amigo, Christopher Scott Emmett. Tuve que esperar a ver la televisión a las 10.00 pm para estar seguro de que la ejecución había ocurrido".

El programa no es la primera vez que prisioneros han estudiado el diario de Ana Frank. Una exposición sobre la adolescente recorre prisiones en Inglaterra como forma de discutir la tolerancia. En Estados Unidos, el programa es una colaboración entre el Centro Anna Frank USA, que promueve el legado de Frank en Norteamérica y el PEN American Center, también basado en Nueva York. El PEN tiene concursos de escritura para reclusos mayores de 35 años.

McNeil no está segura aún de qué sucederá con los diarios de los prisioneros. A ella le gustaría continuar el programa con más reclusos y crear una muestra del trabajo. Por ahora, está contenta de que más personas sientan una conexión con Ana Frank.

Para Norman, sentado y luciendo su uniforme carcelario, algunas de las palabras de Ana Frank suenan como si pudieran ser suyas. El lee en voz alta una anotación del sábado, 25 de marzo de 1944, unos cuatro meses antes de que su familia fuese enviada a campos de concentración.

"Querida Kitty, uno nunca se da cuenta de cuánto ha cambiado hasta que sucede. Yo he cambiado drásticamente, todo en mí es diferente: Mis opiniones, mis ideas, mi visión crítica. Internamente, exteriormente, nada es igual. Y puedo decir sin problemas, pues es cierto, que he mejorado".

Al finalizar el fragmento, Norman coloca el diario en su rodilla.

"Yo puedo entender los cambios. No soy el mismo que era hace 30 años", dice. "Ella cambió para mejor en un lugar malo. Y yo pienso que uno puede mejorar incluso en un lugar malo y yo estoy haciendo lo mismo".

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