Sobreviven a Ike en una isla en compañía de un león

BOLIVAR PENINSULA, Texas, EU (AP). Dentro de muchos años, un pequeño grupo de sobrevivientes del huracán Ike probablemente seguirá contando la historia de cómo, la noche que la tormenta arrasó su isla, halló refugio en una iglesia junto con un león.

El león provenía de un zoológico local, y el propietario trataba de conducir hacia un lugar seguro junto con el animal cuando vio automóviles y camiones atascados en medio de la crecida.

Se dirigió a la iglesia donde lo recibió un grupo de residentes que ayudaron al león a entrar y lo encerraron en un santuario mientras arreciaba la tormenta. El agua subió hasta la cintura y trozos de madera empezaron a entrar flotando por las ventanas rotas. Pero el león estaba manso como un gatito.

Cuando despuntó el alba, todos seguían vivos.

"Las cosas salieron bien", comentó el propietario del animal, Michael Ray Kujawa. "Cuando tiene que nadar, al león no le interesa comerse a nadie".

En medio de la destrucción en lugares como Bolivar Peninsula y Galveston, donde una casa tras otra quedó hecha añicos, se están empezando a conocer algunos episodios insólitos de supervivencia. Ya sea por destino, suerte o habilidad, decenas de personas que desafiaron la tormenta vivieron para contarlo.

El martes, la cifra oficial de muertos a causa de Ike se mantenía en 50. Sólo 17 fueron en Texas, y muchos de éstos murieron por incendios o gases despedidos por generadores después del paso del huracán.

Entre quienes se salvaron está Kathi Norton, quien se enfundó un chaleco salvavidas cuando la tormenta se precipitaba sobre High Island, en Bolivar Peninsula. Ella y su marido Paul sabían del peligro que corrían quedándose. Guardaron sus documentos importantes, tarjetas de crédito, dinero y teléfonos celulares en una bolsa de plástico y esperaron lo peor.

Súbitamente las aguas subieron y la casa empezó a resquebrajarse. Por las grietas vieron pasar flotando refrigeradoras, cortadoras de césped y bañeras. Después se desmoronó el patio. Y luego le tocó el turno al techo.

"Toda la casa se abrió", dijo. Norton tomó a su esposa y salieron corriendo segundos antes de que cediera un mástil que sostenía los últimos muros de la casa.

Durante horas chapotearon en olas de 1,20 metro (4 pies) hasta que fueron a dar en la copa de un árbol. Finalmente llegaron hasta la casa rodante de alguien, pero ésta empezó a hundirse. Atinaron a aferrarse a las vigas de una estructura cercana y allí aguantaron hasta que amaneció.

Willis Turner decidió pasar la tormenta en su bote de madera junto a su casa en Crystal Beach, también en Bolivar Peninsula, pero casi se hundió y se salvó con una cuerda que le arrojó su esposa. Los dos se quedaron dentro de una casa que, según dijeron, "vibraba como la cuerda de una guitarra".

"Fue como si hubiera estallado una bomba atómica. Poco después que pasó el ojo de la tormenta, casas enteras se nos venían encima a 30 millas (48 kilómetros) por hora. ¡Casas enteras! Pasaban flotando", dijo Turner. "Era surrealista".

Turner y su esposa se despertaron al día siguiente en una isla que no reconocían. Las primeras cuatro hileras de casas sobre la playa habían sido tragadas por el mar. No había más restaurantes, gasolineras, almacenes. Todo el vecindario había desaparecido.

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