Tigres y aldeanos luchan por sustento en jungla de India

JHARKHALI, India (AP). Los cuatro pescadores estaban sacando la primera red de la mañana en la desembocadura del río Ganges cuando un tigre se les abalanzó.

Kumaresh Mondal consiguió correr unos pocos pasos antes de que la bestia de 205 kilos (450 libras) lo derribara de un salto, le desgarrara la garganta y arrastrara su cuerpo hasta el manglar espeso.

"Yo traté de perseguir al tigre, pero no pude encontrar ningún sendero", dijo Monoranjan Mondal, otro de los hombres que estaban pescando allí ese día en marzo. "No había huellas, ni ramas rotas ... El tigre simplemente se le llevó".

Los Sundarbans, un enredo de islas implacables en la desembocadura del río Ganges, son hogar de quizás la mayor población de tigres en el mundo, además de millones de las personas más pobres de India y Bangladesh. Pese a decenios de esfuerzos por mantenerles a raya, los tigres aún matan a más de 20 personas al año.

Ahora, los expertos temen que los cambios ambientales y la reducción de tierras cultivables pudieran llevar a más encuentros entre tigres y hombres, con resultados desastrosos para ambos.

Los aldeanos que no pueden ya cultivar lo suficiente se están aventurando en los territorios del tigre en busca de peces, cangrejos y miel para vender. A su vez, los tigres se están acercando cada vez más a los aldeanos, en busca de agua y comida, dicen los científicos que rastrean sus movimientos.

"No debería haber gente viviendo aquí", dijo Pranabes Sanyal, ex director de la Reserva de Tigres de los Sundarbans. "Es demasiado peligroso".

En los Sundarbans, cuyo manglar de 9,580 kilómetros cuadrados (3,700 millas cuadradas) es el mayor del mundo, las familias se sostienen apenas como cosechadores de arroz, pescadores y colectores de miel.

Casi todo el mundo tiene un familiar o un amigo que ha sido atacado por un tigre. Se piensa que existen unos 250 tigres en el lado indio de los Sundarbans y otros 250 en el lado bengalí.

La enorme sombra del depredador domina los pensamientos de los aldeanos. Los tigres son una constante en canciones folklóricas y altares de lodo, monstruos reales que se llevan a quienes les reten.

Madhusudan Mondal vio a un tigre matar a su padre y otros dos hombres mientras buscaban miel en el manglar hace seis años. Aún así, él va a los bosques cada primavera para colectar miel, una actividad con la que puede ganarse miles de rupias diarias, comparado con las apenas 70 (1,75 dólares) que gana trabajando en el campo.

"Tengo que ir", dice resignado Mondal, un padre de siete hijos. "Tengo que ganarme la vida".

Colectores de miel como Mondal _ un nombre muy común en el área _ entran descalzos al manglar, armados solamente con una rama gruesa y una máscara en la parte trasera de la cabeza, con la esperanza de asustar a tigres que, de acuerdo con la creencia popular, atacan solamente por la espalda.

Para alejar a los tigres, los aldeanos baten tambores y encienden luces en la noche. Muñecos electrificados sacuden a los felinos que se acercan demasiado. Recientemente, las autoridades erigieron una cerca enorme de nailon alrededor de la reserva de tigres, una ambiciosa solución que requiere mantenimiento constante.

La mayoría de la gente siente que su mejor defensa es la bendición de Bon Bibi, la diosa de los bosques, que según la creencia local controla a los tigres, serpientes, tiburones y cocodrilos que merodean su reino.

Antes de aventurarse en el veleidoso manglar, que es redibujado constantemente por las mareas y las arenas, los locales visitan su altar y le piden protección, pero la tarea se le está dificultando a la diosa.

El aumento de los niveles del mar, la erosión y aguas cada vez más salobres han arruinado cosechas de las que una vez se podía depender, forzando a los granjeros a buscar sustento entre los mangles.

Los científicos dicen que el calentamiento global ha contribuido a que las aguas en la Bahía de Bengala crezcan más de tres milímetros al año, causando más inundaciones. Se predice que una de las mayores islas del área va a reducirse por 15% para 2020.

Al florecer la economía de India, sus muchos proyectos de irrigación y energía hidroeléctrica han reducido además el flujo de los ríos Ganges y Brahmaputra, que alimentan los Sundarbans. Eso significa menos agua dulce en la cuenca.

Los cambios han hecho imposible cultivar sandías, una cosecha que solía ser atractiva en el área. Los arrozales, la columna vertebral de la dieta y la economía de las aldeas, están produciendo menos. La temporada de cosecha llega cada año más temprano.

Los tigres están sufriendo también con los cambios. En el pasado era más común su presencia en el sur del país, donde casi no hay personas, pero ahora frecuentan cada vez más los manglares del norte, más cerca de las islas habitadas.

"Ciertamenge se está convirtiendo en un lugar más inhóspito que lo que solía ser", dijo Anurag Danda, coordinador de programa del WWF India Sundarbans. "Por supuesto que la gente está asustada, pero ese temor siempre ha estado latente".

Pese al miedo, los aldeanos aprecian también a los tigres, porque saben que la fiera es lo único que evita que el atestado mundo exterior les invada.

"Sin el tigre", dice Bish Tarafdar, un pescador que fue atacado el año pasado, "no habría jungla".

A medida en que se industrializa, la India enfrenta graves problemas de deforestación en otras partes, pero también es cierto que sin la presencia de tigres, el tío de Tarafdar aún estaría vivo. Un tigre mató al pescador hace 30 años y su viuda aún se viste toda de blanco, el color de luto en la India.

"El tigre es el enemigo", dijo Dulali Tarafdar, la viuda. "Si yo pudiera, yo maldeciría al tigre. Yo le diría 'tú me arruinaste'".

No importa lo dura que es la vida en el área, los aldeanos no se pueden ir de los Sundarbans porque no tienen a dónde ir. Muchos descienden de familias que vinieron aquí hace generaciones como inmigrantes sin tierra de Bangladesh o del oriente de la India. Esta jungla amenazadora era la última frontera y su última oportunidad.

Los Sundarbans pudieran ser también el lugar donde el tigre dé su última batalla. Solamente quedan unos 1,500 en las reservas y junglas de India, comparado con 3,600 hace apenas seis años y un estimado de 100,000 hace un siglo. Los tigres se han adaptado al ambiente difícil aprendiendo a comer pescado y cangrejos, nadar contra corrientes poderosas y beber agua salada, aunque el agua se está volviendo demasiado salada incluso para ellos, dicen los científicos.

Monoranjan Mondal no ha regresado al bosque desde aquel marzo cuando el tigre mató a su amigo, pero el dinero se le está acabando y el manglar le está llamando.

"Estoy muy asustado", dijo Mondal. "Pero tengo que regresar".

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