A los 10 años, brilla en la universidad

DOWNEY, California, E.U. (AP). Se acerca la conclusión del año escolar y Moshe Kai Cavalin se prepara para los exámenes de fin de curso como matemáticas avanzadas, idiomas y música.

Cavalin tiene diez años y mide 1,38 metros (cuatro pies, siete pulgadas). Sus piernas no llegan al suelo al recibir a un visitante sentado en un sillón.

"Estoy estudiando estadísticas", dice Cavalin, quien alterna momentos de timidez con otros en los que pone en evidencia su precocidad. El niño deja a un lado un libro de estudio en la sala de estar del departamento de su familia en Los Angeles.

Si mantiene sus actuales calificaciones y cumple con los requisitos que le quedan, espera pasar dentro de un año del programa universitario de dos años que cursa actualmente a otro de cuatro. Su objetivo es estudiar astrofísica.

Uno de sus mayores intereses son los "agujeros de gusano", un fenómeno científico hipotético vinculado con la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Esos agujeros constituyen básicamente un atajo a través del espacio y el tiempo. Se especula que, de existir, y combinados con los agujeros negros, podrían permitir los viajes a través del tiempo, como en las películas de ciencia ficción.

"Al igual que los agujeros negros, absorben partículas y las hacen viajar a velocidades superiores a la velocidad de la luz, lo que anula la fuerza de la gravedad", expresó Cavalin. "Me gustaría demostrar que los agujeros negros realmente existen y comprobar que todas esas teorías son correctas".

Pero primero debe atender necesidades más inmediatas, como sus tareas de estadísticas. Más tarde practicará mandarín con su madre Shu Chen Chien, pues tiene una clase de chino. Acto seguido ensayará en el piano para la clase de música.

Cavalin tiene interesantes antecedentes familiares. Su madre nació en Taiwán y su padre, Yosef Cavalin, nació en Brasil, hijo de italianos. El padre habla español, portugués, italiano, inglés, hebreo y mandarín, aunque admite que el acento de su hijo en mandarín es mucho mejor.

Yosef Cavalin se preocupa por lo que puede suceder en el examen de piano. Hace poco, dijo, su hijo se fracturó un brazo practicando artes marciales, disciplina en la que ganó varios trofeos.

"Se avecinan los exámenes finales y no puede tocar con las dos manos. Tendrá que usar solo la mano derecha. No sé qué calificaciones sacará en piano. Eso me inquieta un poco", expresó.

A juzgar por sus antecedentes, el muchacho probablemente encuentre la forma de salir adelante. El niño ingresó a la universidad hace más de un año y tiene las calificaciones más altas posibles, A plus, en cursos como álgebra, historia, astronomía y educación física.

Probablemente el muchacho no sea el estudiante universitario más precoz de la historia. Ese título le correspondería a Michael Kearney, quien hoy tiene 24 años y completó la carrera de antropología en la University of South Alabama a los 10.

Los profesores de Cavalin, no obstante, dicen que el suyo es un caso especial.

"Nunca tuve un alumno tan joven ni tan trabajador", manifestó Daniel Judge, su profesor de estadísticas. "Es un placer tenerlo en la clase. Es un chico agradable, con los pies sobre la tierra".

Cavalin tenía ocho años cuando se anotó en la clase de álgebra intermedia de Guajao Liao en el 2006. Al final del curso, el muchacho ayudaba a estudiantes de 19 y 20 años.

"Les dije a sus padres que tenía mucha más facilidad para estudiar que lo normal, que debían ponerlo en cursos más avanzados", recuerda Liao. "Pero sus padres no querían forzar las cosas".

Los padres de Cavalin no lo consideran un genio. Dicen que es un niño común y corriente, que disfruta del estudio tanto como del fútbol, de las películas de Jackie Chan y colecciona autitos de juguete y gorras de béisbol con tigres. El muchacho nació en el Año del Tigre del calendario chino.

Cavalin sabe que su coeficiente intelectual es muy alto, pero no habla del tema. Afirma que otros estudiantes pueden conseguir los mismos resultados si se aplican.

Sus padres dicen que nunca pensaron anotarlo en la universidad a los ocho años y que intentaron colocarlo en una escuela primaria privada cuando tenía seis.

"No me quisieron aceptar porque sabía más que la maestra y decían que me aburría mucho", dijo el niño.

Los padres comenzaron a educarlo en la casa, pero al cabo de dos años decidieron que lo mejor sería inscribirlo en la universidad. Las autoridades educativas de Los Angeles lo aceptaron en principio en dos clases, matemáticas y educación física. Cuando logró las calificaciones más altas posibles, le permitieron anotarse en otras.

"Tiene una gran facilidad para entender las cosas", comentó Judge, el profesor de estadísticas. "La mayoría de los estudiantes piensan que las cosas son más difíciles de lo que en realidad lo son y crean bloques mentales que hacen que todo resulte más complicado. Moshe no tiene esos bloques, lo comprende todo. No es nada místico, pero es sorprendente".

Vive la adrenalina de la 7ma temporada


Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes