"A punto" reloj de la Puerta del Sol para recibir el 2009

Madrid (EFE). Jesús, Pedro y Santiago, tres relojeros de Casa Losada, son los encargados de "mimar" intensamente estos días el reloj más famoso de España, el de la madrileña Puerta del Sol, para que en la medianoche del día 31 resuenen las doce campanadas que darán paso al año nuevo.

Estos tres relojeros son los responsables desde 1977 de que nada falle ninguna Nochevieja en la torre de la Puerta del Sol para que todo el mundo pueda tomarse las doce uvas al compás de las campanadas que marque este histórico reloj, que llegó a Madrid en 1865 procedente de Londres.

Para poner "a punto" el complejo engranaje, que conserva su maquinaria original en un 98 por ciento, los relojeros trabajan todo el año, revisando el reloj al menos dos veces por semana "para engrasarlo y remontar sus pesas", explicó a Efe Jesús López-Terradas.

Conforme se va acercando el gran día, "el mantenimiento se intensifica si cabe", y los últimos quince días los relojeros "apenas" salen de la torre, donde todo "se revisa al máximo" hasta el punto de que ni tan siquiera contemplan la posibilidad de que en la medianoche del día 31 pueda ocurrir algún fallo.

Y llegado el día de Nochevieja, la últimas horas son "fundamentales": a las nueve de la noche los tres relojeros se encierran dentro del reloj donde cada uno tiene una misión asignada desde hace 31 años, uno se encarga de bajar la bola dorada manualmente, otro vigila el segundero y un tercero controla el proceso general, cuenta López-Terradas.

Aunque dicho así suena laborioso, el relojero señala que es "tanta la tensión y el trabajo" durante las horas previas a las campanadas, que a ellos les pasan "volando" y siempre les sorprende "el estallido de la gente" tras la última campanada que da paso al nuevo año.

Eso sí, antes de que llegue ese momento y para que nadie se equivoque ni se atragante el relojero de la Puerta del Sol detalla el espectáculo que se producirá al filo de la media noche.

"Veintiocho segundos antes de las doce retiraremos la palanca que sujeta la bola del reloj, que descenderá por su propio peso, con su famoso repique de aviso, que durará exactamente ocho segundos".

A 20 segundos de las doce sonarán los cuartos, con dos campanadas cada uno, de modo que en total se oirán ocho campanadas en bloques de dos.

Y, a continuación, coincidiendo con la señal horaria, a las doce en punto de la noche, repicarán las doce campanadas con un intervalo de tres segundos entre cada una de ellas y durante un total de 33 segundos.

Sólo la primera de las doce campanadas sonará en 2008, las once restantes lo harán ya dentro del año nuevo.

Y mientras todo el mundo reparte besos y brindis, los relojeros continuarán con su trabajo e iniciarán el desmonte de la bola, que guardarán y custodiarán hasta el próximo fin de año.

Al parecer, la tradición de tomar las uvas para celebrar el cambio de año viene de comienzos del siglo XX cuando los cosecheros alicantinos ingeniaron esta celebración para dar salida a la ingente cosecha de vid de ese año.

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