Agente de Nueva York pilla a temido capo colombiano

NUEVA YORK (AP). Diego Murillo fue durante dos décadas uno de los líderes paramilitares más temidos e intocables de Colombia, acusado de cientos de asesinatos como operador de carteles de la cocaína y jefe del principal grupo paramilitar de derecha en el país.

Ahora, contra todos los pronósticos, el hombre conocido en Colombia como Don Berna está en prisión y se declaró culpable en Manhattan de tráfico de drogas, después de caer en las redes de una investigación estadounidense que comenzó con un policía de la ciudad de Nueva York.

"Por mucho tiempo, nunca supimos si atraparíamos a este sujeto", admitió el detective John Barry, quien acudió el martes a una corte federal para presenciar la declaración de culpabilidad de Murillo. "Cinco años de labor. Todos esos viajes. Esas largas horas ... Esto es tremendamente gratificante".

Murillo, de 47 años, presentó la declaración de culpabilidad el martes, apenas 35 días después de llegar esposado a suelo estadounidense. En declaraciones traducidas por un intérprete, el ex jefe paramilitar reconoció que había conspirado con fuerzas militares, políticas y "anticomunistas" para llevar de contrabando a Estados Unidos toneladas de cocaína.

Aceptó el cargo a cambio de purgar entre 27 y 33 años de prisión. Los fiscales, para conseguir la extradición, se comprometieron con el gobierno colombiano a no solicitar la cadena perpetua.

La declaración de culpabilidad fue una victoria formidable para un grupo especial de la policía de Nueva York que pasó más de cinco años recabando las evidencias que confirmaran la participación de Murillo en el narcotráfico. Los orígenes de la investigación datan de finales del 2002, cuando Barry escuchó por primera vez el nombre de Murillo en voz de un informante.

El soplón, que era investigado como un traficante de mediana importancia, dijo que en una ocasión fue secuestrado por secuaces de Murillo debido a que las autoridades en Houston habían decomisado un cargamento de cocaína. La droga se perdió, le dijeron los secuestradores en esa ocasión, pero de todas formas "Don Berna quiere su dinero".

Intrigado, Barry le preguntó a fiscales federales sobre Murillo, y fue mucho lo que escuchó.

Murillo dio sus primeros pasos en el bajo mundo bajo las órdenes de Pablo Escobar, pero luego se volvió contra el capo de la cocaína, al encabezar un grupo que debilitó su poder y tuvo presuntamente algo que ver en la muerte del barón del narcotráfico a manos de una fuerza especial del gobierno en 1993.

Más tarde, surgió como el nuevo cabecilla del bajo mundo en Medellín, poniendo fin a la violencia en las calles e involucrándose con las Autodefensas Unidas de Colombia, un grupo creado inicialmente para combatir a los guerrilleros izquierdistas que se convirtió en una fuerza política al enriquecerse con el tráfico de drogas y el robo masivo de tierras. La milicia, conocida como las AUC, tenía al menos 15.000 hombres armados y controlaba regiones enteras de Colombia.

Para diversas organizaciones de derechos humanos, Murillo es el responsable directo o indirecto de centenares de asesinatos. El grupo Reporteros Sin Fronteras lo ubicó como el sexto "depredador" de periodistas en el mundo, peor que Robert Mugabe en Zimbabwe y Kim Jong Il en Corea del Norte.

Cuando joven, fue objeto de un intento de asesinato que lo dejó acribillado con impactos de escopeta. El ataque le paralizó una pierna y varios músculos del rostro, aunque sobrevivió.

"La leyenda local", dijo Barry, "dice que reapareció en las calles de Medellín con un muleta bajo un brazo y una metralleta en el otro".

Provisto con los datos del informante, un equipo formado por agentes de la oficina antinarcóticos estadounidense, de la policía estatal y la municipal, incluido Barry, se lanzó a la búsqueda de otros sospechosos encarcelados en una investigación sobre las redes del narcotráfico.

Los investigadores examinaron datos bancarios y registros navieros, y rastrearon dinero y cocaína en traslados entre Colombia, México, República Dominicana y Nueva York.

Para el 2004, tenían información suficiente para armar la acusación. Un jurado investigador de Manhattan acusó a Murillo de dirigir una organización que introdujo toneladas de cocaína a ciudades de Estados Unidos.

El abogado de Murillo, Paul Nalven, declinó mencionar los motivos de su cliente para declararse culpable. Será sentenciado el 18 de diciembre.

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