Alcalde hispano de Los Angeles va por la reelección

LOS ANGELES (AP). Antonio Villaraigosa es un hombre ambicioso y no lo oculta. Hace cuatro años, el primer alcalde hispano que tiene Los Angeles en más de un siglo habló de crear una metrópolis comparable a la Venecia del Renacimiento.

Pero en la Venecia propia, en Venice Beach, los residentes del barrio dicen que se conformarían con más lugar para estacionar autos y menos agujeros en las calles, con que se limiten los afiches publicitarios y se haga algo con los pordioseros que recorren su famoso paseo.

"Yo veo lo contrario" a una Venecia del siglo XV, comentó Ira Koslow, un maestro de 64 años, quien vive en Venice Beach con su esposa desde hace décadas. Kislov dice que la calidad de vida ha decaído: hay más ruido, más tráfico y la playa es un caos, por más que haya aumentado la cantidad de policías.

"Todo ha empeorado", afirma.

Villaraigosa tiene prácticamente asegurada la reelección para otro período de cuatro años en los comicios del martes en la segunda ciudad más grande del país. No obstante, todavía no ha despejado un interrogante que lo acosa desde que asumió: dejando de lado su energía juvenil y su sonrisa hollywoodiana, ¿es capaz de cumplir con los ambiciosos objetivos que se planteó?

El alcalde desestima las críticas de quienes dicen que habla mucho y hace poco.

"Pusimos la vara muy alto", expresó Villaraigosa, un posible candidato a gobernador de California en el 2010. "Sé que todavía queda mucho por hacer. No digo que hayamos resuelto todos los problemas".

Las tasas de delincuencia habían mermado cuando Villaraigosa asumió en el 2005, y siguen descendiendo bajo la gestión del jefe de la policía William Bratton, a quien Villaraigosa heredó de James Hahn, el alcalde al que derrotó hace cuatro años. La seguridad es uno de los pilares de la campaña de reelección.

Pero otro proyecto grande de Villaraigosa, que le hubiera permitido tomar el control de las escuelas, quedó empantanado en los tribunales y uno de cada tres alumnos sigue abandonando los estudios. El tráfico es el peor de una ciudad grande en Estados Unidos y Villaraigosa no ha logrado acelerar la ampliación de la red de trenes subterráneos.

Prometió plantar un millón de árboles en una ciudad donde casi no hay parques y hasta ahora ha plantado apenas un puñado. No consiguió la sede de los Juegos Olímpicos, a la que postuló a Los Angeles. Y el episodio más sonado que protagonizó fue un romance con una periodista de televisión que acabó con su matrimonio.

Villaraigosa lamenta el que esa aventura amorosa haya hecho pasar a segundo plano sus logros. Dice que sentó las bases para un cambio profundo al contratar a otros 700 policías, aumentar los impuestos a las ventas para tener más dinero para una red de transporte masivo y promover la protección del medio ambiente.

"Di todo lo que tengo", asegura.

La elección llega en medio de una profunda crisis económica que afecta a toda la nación. La ciudad podría tener un déficit fiscal de mil millones de dólares en el 2010. El desempleo ha superado el 10% en la región y uno de casa cinco angeleños recibe beneficios o alguna forma de asistencia pública. Las pandillas siguen siendo un problema.

Villaraigosa casi no tiene rivales ya que sus contrincantes son poco conocidos y no se les da posibilidades de victoria.

Dado que nadie puede postularse más de dos términos, es más fácil esperar que un alcalde cumpla sus ocho años y buscar una plaza que está vacante. Villaraigosa, por otra parte, asusta a sus potenciales rivales con los fondos con que cuenta y con el firme respaldo que recibe de los sindicatos de empleados públicos, que tienen una gran influencia en los asuntos municipales.

La apatía del electorado también lo ayuda. La gente tiende a ignorar las elecciones municipales y generalmente bastan 300.000 votos para ser elegido en esta ciudad de casi 4 millones de habitantes. Se espera que Villaraigosa supere el 50% de los votos y no necesite ir a una segunda ronda.

Villaraigosa gobierna una ciudad muy extentida, llena de municipios, en la que el alcalde no tiene el poder de un alcalde de Chicago o Nueva York. "No se le pueden pedir milagros", dijo Lawrence Tolliver, dueño de una barbería de South Los Angeles.

El académico Joel Kotkin escribió hace poco en Forbes.com que la ciudad "parece avanzar a paso acelerado hacia la irrelevancia" porque tiene una base industrial cada vez menor, una clase media que se esfuma y otros problemas. Tracy Westen, del Center for Governmental Studies, una fundación investigadora independiente, compara al alcalde con una celebridad de Hollywood y dice que no ha hecho mucho.

"Es un personaje de 'American Idol'", sostiene Westen.

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