Análisis: Trump insiste en “EEUU primero”

El presidente Donald Trump dejó pendiente la pregunta para que el mundo responda: si Estados Unidos insiste en colocarse primero, ¿quién lo seguirá?

En su debut en las Naciones Unidas, Trump se dedicó a regañar y fastidiar. Dijo que partes del planeta “se van al infierno”. De pie frente al emblemático muro de mármol verde de la Asamblea General, trazó un panorama sombrío del mundo tal como lo ve: lleno de crisis y conflictos, delincuentes y holgazanes.

Pero mientras la mayoría de los gobernantes aprovechan la ocasión para promover la cooperación, Trump insistió en que todos sigan su ejemplo y “siempre coloquen a su país ante todo”.

“Mientras ejerza esta función, defenderé los intereses de Estados Unidos por encima de todo lo demás”, dijo Trump en el recinto donde los países vienen a hablar de sus intereses colectivos.

Después de nueve meses, los gobernantes del mundo se han acostumbrado a un presidente estadounidense que desdeña la moderación en todo lo que dice y hace. Por eso toman a sus tuits más sobrecogedores, que a veces parecen anunciar virajes drásticos del timón político, con un grano de sal.

Después de todo, tras el anuncio rimbombante, resulta que el timón no ha viradp. Estados Unidos no se ha retirado del TLCAN ni de la OTAN, no ha iniciado una guerra comercial con China ni derogado el acuerdo nuclear con Irán.

Al menos, hasta ahora.

Con todo, por tratarse de su primer discurso en la ONU, las palabras de Trump tuvieron un peso adicional. Aquí los gobernantes tratan de presentar un mensaje de aspiraciones por la paz y la prosperidad, si solo las naciones cooperaran. Trump, en cambio, optó por apuntar el dedo acusador.

Amenazó con “destruir totalmente Corea del Norte”, invocando el espectro de una guerra cataclísmica. A continuación, llamó al líder norcoreano Kim Jong Un el “hombre cohete en misión suicida para sí y para su régimen”.

Hubo exclamaciones escandalizadas en los salones señoriales de la asamblea.

Fue una amenaza sobrecogedora por parte del hombre fuerte del club de naciones “responsables”. Que se recuerde, solo líderes parias como el libio Moamar Gadafi y el venezolano Hugo Chávez habían realizado declaraciones tan incendiarias desde el podio de las Naciones Unidas.

“Fue un discurso en el momento equivocado al auditorio equivocado”, dijo la ministra de Exteriores sueca Margot Wallstrom.

Pero el fastidio con la ONU es un pasatiempo bipartidista en Estados Unidos, y algunos críticos tradicionales de Trump recibieron su discurso como un soplo de aire fresco. El ex candidato presidencial republicano Mitt Romney dijo que fue “un reto enérgico y necesario a los miembros de la ONU para ponerse a la altura de su carta y enfrentar los desafíos globales”.

En su discurso, Trump mencionó 21 veces la “soberanía”, el concepto de que los países tienen derecho a hacer lo que más les conviene sin dejarse trabar por obligaciones externas. Trump dijo que Estados Unidos no espera que otros compartan sus tradiciones o “sistemas de gobierno”, un recordatorio nada sutil de que promover la democracia ha dejado de ser una prioridad estadounidense.

“No buscamos imponer nuestro modo de vida a nadie, sino dejar que brille como ejemplo para que todos lo vean”, dijo Trump.

Pero sería un error pensar que Washington no tiene una larga lista de reclamos que hacer a las naciones. Sí los tiene.

Trump fustigó una y otra vez a los gobiernos por esforzarse poco en la lucha contra el terrorismo, en las sanciones financieras a Corea del Norte, en ayudar a sobrellevar el peso del liderazgo global. Al retratar a su auditorio como aprovechadores del sistema global, dijo que Estados Unidos paga una proporción “injusta” del costo de sostener a las agencias de la ONU cuyo valor él mismo ha desdeñado.

Esa incongruencia _entre intimidar a los demás para que hagan más e insistir que cada uno se ocupe de sus propios intereses_ es lo que desconcierta a las naciones que no terminan de decidir qué es lo más conveniente al tratar con el nuevo presidente estadounidense.

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