Análisis: Tras monólogo político, Putin tendrá que escuchar ahora

MOSCU (AP). Luego de una docena de años al frente del poder en Rusia, Vladimir Putin ha llevado la voz cantante, pero ahora podría tener que aprender a escuchar y quedar relegado a un segundo plano.

Las protestas contra Putin y su partido que estallaron el sábado en más de 60 ciudades rusas, incluso una numerosa manifestación a pocas cuadras del Kremlin, parecen haber conmocionado a un hombre acostumbrado a dar órdenes, a sermonear a los periodistas en conferencias de prensa maratónicas y desestimar a los opositores con comentarios sarcásticos y a veces vulgares.

Putin no formuló comentarios inmediatamente sobre las manifestaciones, que fueron la mayor demostración opositora en la Rusia post-soviética, aunque su vocero se esforzó por asegurar que el primer ministro es receptivo a las críticas.

"Respetamos el punto de vista de los manifestantes. Estamos oyendo lo que dicen y seguiremos escuchándolos", dijo Dmitry Peskov en una declaración el sábado por la noche.

No está claro si las protestas serán escuchadas efectivamente o si caerán en oídos sordos a menos de tres meses de las elecciones presidenciales, en las que Putin aspira a volver a ocupar el cargo que ostentó en 2000-2008.

Sin embargo, ya se han producido cambios. Los canales de televisión controlados por el Estado han dado un espacio sustancial a las protestas, en contraste con su actitud anterior de ignorar o mofarse de la oposición.

Si Putin conversa con la oposición, debería hacerlo "no con el objetivo de hablar por hablar, en la esperanza de que la situación se diluya, sino para hallar un compromiso real y significativo", escribió en su blog Yevgeny Gontmajer, un asesor del presidente ruso Dmitry Medvedev.

Medvedev accedió a dejar la presidencia el año próximo, despejando el camino para el retorno de Putin. El acuerdo, anunciado como un hecho consumado al congreso del partido gobernante Rusia Unida en septiembre, fue considerado como una maniobra cínica que empañó el futuro político de Putin.

Encuestas de la respetada agencia independiente Centro Levada indican que a fines de septiembre, el 42% de los rusos habrían votado por Putin en la elección presidencial de marzo, aunque el porcentaje bajó a 31% dos meses después.

Eso fue antes de que su imagen se viera más deteriorada por la elección al parlamento nacional del 4 de diciembre, durante la cual Rusia Unida perdió una cuota sustancial de bancas y los observadores dijeron que incluso esa cifra fue abultada por fraude electoral. Indignada por el fraude, la oposición hasta entonces marginalizada se envalentonó y se embarcó en las manifestaciones de protesta.

Durante el gobierno de Putin, las autoridades rusas rutinariamente negaban a los grupos opositores autorización para efectuar manifestaciones o limitaban la concurrencia a unos pocos centenares. Los intentos por efectuar protestas no autorizadas o llevar más gente generalmente terminaban con la intervención policial y arrestos masivos.

Sin embargo, la mayoría de las demostraciones del sábado contaron con permiso oficial y, en una muestra de tolerancia sin precedente, las autoridades de Moscú autorizaron una concurrencia de 30.000 personas y no hicieron intervenir a la Policía antimotines cuando la multitud superó claramente esa cifra.

Eso indicó que Putin, escuche o no, está claramente preocupado por el debilitamiento de su posición y siente que tiene mucho que perder si apela a la represión acostumbrada.

De haber ordenado una represión enérgica, se habría arriesgado al oprobio internacional y a una posible expulsión del Grupo de los 8, conjeturó Gontmakher.

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