Arizona: Se aviva debate tras fallas en ejecución

La forma incorrecta en que se efectuó una tercera ejecución con inyección letal en seis meses ha renovado el debate en torno a si existe un método a prueba de fallas con el que el gobierno ponga fin humanamente a la vida de los sentenciados a muerte y si incluso vale la pena buscar alguno.

Los detractores a la pena capital argumentan que se trata de un castigo innecesariamente cruel. Quienes están a favor de la pena de muerte apoyarían el método de ejecución más humano posible, pero muchos rechazan la idea de que el gobierno tenga que repensar todo el procedimiento si al criminal que causó gran sufrimiento a otros ahora le toca sufrir unos minutos u horas durante su ejecución.

Hace treinta años, los gobiernos estatales y federal rara vez tomaban en cuenta el confort de los presos condenados a la pena capital. La mayoría de los ejecutores utilizaban sillas eléctricas, pero los condenados a muerte también morían en la horca, en la cámara de gas o frente a un pelotón de fusilamiento.

Siempre había errores. Los presos parecían sufrir en la cámara de gas. Las sillas eléctricas se incendiaban, no funcionaban bien o no mataban al condenado. Ante ello, un creciente número de funcionarios del orden público, legisladores y defensores de la pena capital comenzó a buscar una alternativa constitucional a prueba de fallas para ejecutar a un condenado a muerte de la manera más humana posible.

En 1977, un director médico de Oklahoma al parecer había encontrado la solución. El médico Jay Chapman propuso una combinación de tres fármacos que en teoría pondrían a dormir al condenado antes de matarlo sin dolor y rápidamente. La fórmula de Chapman reemplazó la silla eléctrica que se utilizaba en el estado.

Ahora han aumentado las exigencias para que se elimine la inyección letal, incluso entre quienes apoyan la pena capital como el juez Alex Kozinski de la Corte Federal de Apelaciones del 9no Circuito. Kozinski cree que es imposible encontrar un método humano de ejecución y se pronuncia a favor del fusilamiento.

"Si nosotros como sociedad no podemos soportar una ejecución mediante fusilamiento, entonces no deberíamos aplicar ninguna pena capital", escribió Kozinski el lunes en apoyo a la ejecución de Joseph Rudolph Wood.

La combinación de tres fármacos que propuso Chapman se convirtió automáticamente en el método de ejecución adoptado por el gobierno federal y todos los estados —cerca de tres decenas— en los que existe la pena de muerte. La inyección letal fue adoptada como la mejor alternativa posible de ejecución y dado que parecía una manera rápida e indolora de morir fue vista como una ventaja para contrarrestar demandas legales y protestas en las que se afirmaban que la pena capital era cruel e inusual.

Desde entonces, más de 1.200 reclusos han sido ejecutados mediante inyección letal. La Corte Suprema de Estados Unidos falló en 2008 que el método es constitucional.

"Las ejecuciones con inyección letal deberían ser una manera humana de morir", dijo Arthur Caplan, jefe de ética médica en el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York. "Sin embargo, no lo son".

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