Austria toma el pulso al auge de populismo en presidenciales trascendentales

Austria espera cerrar este domingo un interminable proceso para elegir presidente -se prolonga ya desde hace casi un año- con una de las votaciones más importantes de su historia, de las que podría salir el primer jefe de Estado ultranacionalista en un país de la Unión Europea (UE).

Norbert Hofer, del xenófobo Partido Liberal de Austria (FPÖ), y el progresista Alexander Van der Bellen, antiguo dirigente de Los Verdes, se ven de nuevo las caras ante las urnas en la repetición de unas elecciones que serán decisivas para Austria, pero que se consideran también un nuevo test sobre el auge del populismo en Europa.

El pasado mayo, Van der Bellen ganó las elecciones por apenas 31.000 votos (en un país de 8,5 millones de habitantes), pero el resultado fue impugnado por el FPÖ argumentando que hubo irregularidades formales, que no manipulación, que fueron confirmadas por el Tribunal Constitucional.

Desde entonces, el triunfo del Brexit en el Reino Unido y de Donald Trump en EEUU, han situado las elecciones austríacas como un nuevo campo de batalla sobre el auge del populismo y sus soluciones fáciles a problemas muy complejos.

Aunque en la última encuesta, publicada el pasado día 18, Van der Bellen aparece como ajustado ganador con el 51 por ciento de los votos, es el candidato ultra el que ha dominado la mayoría de sondeos los últimos meses, con ventajas de entre seis y tres puntos.

"Que Van der Bellen esté por detrás en las encuestas puede movilizar a su electorado" opina para Efe Paul Schmidt, de la Sociedad Austríaca de Política Europa, un laboratorio de ideas.

Según este experto, pese a que hay cierto cansancio por la repetición de los comicios, una alta participación beneficiaría al candidato progresista, "porque los votantes de Hofer suelen tender a ir más a votar porque les moviliza la ira contra el sistema y las emociones".

Hofer y su partido centran su discurso en el rechazo a la elite, en presentarse como los defensores de la gente de la calle y en poner "Austria y los austríacos primero", un mensaje que ha calado en muchos votantes justo cuando el país recibió a casi 100.000 refugiados en 2015.

El rechazo al islam, la advertencia de que entre los solicitantes de asilo vienen terroristas y violadores y las críticas a una UE a la que acusan de imponerse sobre los Estados nacionales, son los pilares de un mensaje que Hofer, experto en comunicación política, transmite con serenidad, voz suave y entre sonrisas.

Hofer ha reforzado sus críticas al islam como algo "que no forma parte de los valores de Austria" con carteles electorales con el lema "Con la ayuda de Dios".

Van der Bellen, por su parte, es un intelectual de izquierdas de 72 años, antiguo líder del partido Los Verdes y declarado europeísta, al que apoyan los votantes urbanos, los académicos y, en general, todo los austríacos a los que asusta la idea de que su país sea el primero de la UE con un jefe de Estado ultranacionalista.

Tras ganar por la mínima las elecciones y consciente de que el voto rural y de las clases populares apoyan masivamente a Hofer, Van der Bellen ha intensificado su campaña en el campo, asistiendo a fiestas populares, peregrinando a una conocida basílica y apoyando incluso que haya crucifijos en las escuelas públicas.

La recta final de la campaña ha estado salpicada de duros ataques del FPÖ hacia el candidato progresista.

Políticos de ese partido han asegurado que hay "sospechas" de que los padres de Van der Bellen (que llegaron a Austria huyendo de la revolución bolchevique de 1917) habrían "tonteado" con los nazis y un grupo local llegó a comparar al político de izquierdas con Adolf Hitler en un montaje fotográfico.

Desde el sector que apoya a Van der Bellen, la principal advertencia que se hace es que, si llega a la Presidencia, Hofer convocaría un referéndum sobre la salida de Austria de la UE.

El candidato ultra matiza esa posibilidad diciendo que consultaría al pueblo si la UE avanza hacia un modelo más federal o amenaza lo que él entiende es la soberanía de los Estados miembros.

Es la primera vez en la historia de Austria que ninguno de los dos partidos que se reparten el poder desde hace 70 años, socialdemócratas y democristianos, tiene opciones de ocupar la Presidencia, en un síntoma más del hartazgo de gran parte de la población con esas dos formaciones, que gobiernan en gran coalición.

Además de su trascendencia para Austria, estas presidenciales son vistas como otra prueba sobre el auge del populismo.

"Sería muy bueno que en Austria rompiéramos esta cosa de brexit y Trump, que gane una persona proeuropea, por una Austria abierta al exterior, abierta al pluralismo de la sociedad que tenemos. Este es el gran simbolismo de estas elecciones", valoró para Efe Ulrike Lunacek, eurodiputada de Los Verdes y vicepresidenta del Parlamento Europeo.

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