Beatificación de cardenal Newman: ¿milagro o ciencia?

MARSHFIELD, Massachusetts (AP). El dolor podía más que cualquier droga que le daban los médicos a Jack Sullivan, le perforaba la espalda con puntadas que no lo dejaban dormir.

El aspirante diácono se había sometido a una operación en la espalda en la esperanza de poder asistir a su ordenación. Pero cinco días después de la intervención estaba doblado de dolor en una cama del hospital. No podía pararse ni caminar. Fue entonces que se encomendó al cardenal del siglo XIX John Henry Newman.

"Cardenal Newman, te imploro que me ayudes a caminar así puedo volver a mis clases y ordenarme", le rogó el magistrado jubilado de esta localidad al sur de Boston.

Casi inmediatamente, Sullivan comenzó a sentir una picazón en todo el cuerpo, júbilo y una sensación de calor, "como si me hubiesen metido en un horno", según relató. Minutos después, le gritó a su enfermera: "¡Ya no siento dolores!".

El dolor desapareció por completo y el papa Benedicto XVI consideró que la pronta recuperación de Sullivan fue un milagro atribuible a la gestión de Newman ante Dios.

El dictamen allana el camino para la beatificación de Newman en su Inglaterra natal, el 19 de septiembre, a manos del Papa. Sullivan piensa asistir a la ceremonia.

La beatificación es un paso con miras a una posible santidad.

La decisión del pontífice, no obstante, genera gran escepticismo entre quienes dicen que Sullivan se curó porque la operación fue exitosa.

El neurocirujano Michael Powell declaró al diario The Sunday Times de Londres que la recuperación no tiene nada especial y que el cirujano que la llevó a cabo comentó que se trató de "algo bastante fácil".

"Debo decir que esto del milagro nos causa cierta gracia a los cirujanos de la columna", expresó Powell, del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres.

La iglesia, por su parte, sostiene que los escépticos ignoran la evidencia, incluido el testimonio del propio cirujano de Sullivan, el doctor Robert Banco, quien dijo que la repentina recuperación del paciente es inexplicable.

No salió agua de una roca, pero las autoridades eclesiásticas insisten en que fue un milagro.

"No siente dolores y puede moverse libremente", manifestó Jack Valero, uno de los que promueve la beatificación de Newman.

A Sullivan no le interesa demasiado convencer a los incrédulos. "A quienes no tienen fe, no se les puede ofrecer explicación alguna", afirmó. "Y quienes la tienen, no necesitan ninguna explicación".

Sullivan, quien tiene 71 años, no se cansa de contar su historia.

Se crió con tres hermanos en el suburbio de Braintree, 16 kilómetros (10 millas) al sur de Boston, y recuerda el día en que comenzó a ir a la iglesia. Su esposa, con la que estuvo casado 41 años, se apareció un día cuando desayunaba, junto al hijo de ambos, los dos vestidos para ir a la misa dominical, y le preguntó: "¿No vienes?".

No se hizo creyente de inmediato. Sullivan era abogado (llegó a presentar argumentos ante la corte suprema de Massachusetts) y para él la religión era algo basado en el sentimiento, no en las evidencias.

Pero poco a poco se fue metiendo en el catolicismo y convenciéndose no solo de que la fe era algo lógico, sino de que la presencia de Dios en su vida era indiscutible. Hacia mediados de la década de 1990 pasaba horas leyendo textos religiosos y sopesando la idea de hacerse diácono, una figura religiosa que desempeña varias funciones, desde predicar hasta visitas a hospitales.

Comenzó los estudios para ser diácono, que toman cuatro años. A mitad de camino, despertó un día con un dolor insoportable en las piernas y no podía caminar a menos que se inclinase y apoyase la pierna derecha en determinada forma.

Se comprobó que varias vértebras inferiores estaban haciendo presión sobre la médula espinal. Se le recomendó una operación porque corría peligro de quedar paralizado.

Se le dijo asimismo que debería interrumpir sus estudios.

"Estaba destrozado", cuenta Sullivan.

Un día pilló en la televisión un programa especial sobre Newman, un anglicano converso que es considerado uno de los grandes pensadores del catolicismo. Ese día Sullivan se encomendó al cardenal Newman y al día siguiente no sentía dolores.

Sullivan estaba feliz. Pero el alivio fue temporal. Nueve meses después reapareció el dolor y se programó la operación.

Sullivan dice que cuando le pidió al doctor Banco una explicación a su cura, el médico le dijo: "¿Quiere una explicación? Pregúntele a Dios". Banco no quiso hacer declaraciones para este reportaje.

Poco después, Sullivan se contactó con funcionarios de la iglesia y propuso la beatificación de Newman.

Para que una persona sea beatificada, se le tiene que comprobar un milagro. Para la santidad hace falta un segundo milagro.

Sullivan se ordenó de diácono en el 2002.

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