Berlín atrae a jóvenes israelíes

BERLIN (AP). Nirit Bialer, nieta de un sobreviviente del Holocausto, tiene un programa radial de una hora en el que hay música, conversaciones y entrevistas en hebreo. No lo transmite en su Israel natal, sino en una radio ubicada en el corazón de Berlín. Y es escuchado por cientos de israelíes que ya se sienten berlineses.

La ciudad desde la cual Adolf Hitler lanzó al genocidio de 6 millones de judíos cuenta hoy con una pequeña pero creciente comunidad de judíos de Israel, atraídos por su libertad, su tolerancia y su espíritu permisivo.

"Berlín es un verdadero imán para los israelíes. Todos quieren venirse", afirmó Bialer, una mujer de 32 años cuyo programa de los viernes al mediodía "Kol Berlin" (la voz de Berlín en hebreo) se difunde desde hace tres años y es una especie de institución entre los jóvenes israelíes que viven en Berlín.

Nadie sabe con exactitud cuantos israelíes se radicaron aquí en tiempos recientes. Se habla de entre 9.000 y 15.000, una cifra ínfima comparada con los 120.000 que había cuando los nazis llegaron al poder en 1933.

Pero su presencia es un fuerte símbolo de un cambio generacional. Hace años los israelíes consideraban a los emigrantes verdaderos traidores de la causa sionista, e irse nada menos que a Alemania era la peor traición de todas.

Muchos no iban Alemania ni siquiera como turistas. Hoy, los israelíes constituyen el segundo grupo no europeo más numeroso que visita Alemania, superado solo por los estadounidenses. En las calles de Tel Aviv abundan los carteles que resaltan el atractivo turístico de la Puerta de Brandenburgo.

Los israelíes vienen a trabajar, estudiar, de juerga y para incursionar en el arte, y no piensan demasiado en el pasado nazi de la ciudad. Llegan con visas de estudiantes, como turistas (y se quedan) o haciendo uso de su derecho a la ciudadanía germana por tener antepasados alemanes. Muchos se casan con alemanes y llevan una existencia alejados de las tensiones del Medio Oriente.

"Adoro Israel, pero ya no podía vivir allí. Es como un pueblito y muy militarizado", afirmó Lea Fabrikant, estudiante de fotografía que llegó hace dos años. "Pero más que nada, necesito libertad y espacio, y eso lo hallé aquí".

Fabrikant, de 26 años, dice que soportó numerosos ataques suicidas en Jerusalén, donde vivía, en la década de 1990, y que le encanta la tranquilidad de Berlín, su espíritu relajado y el que no resulta tan cara para estudiantes y artistas.

Asegura que el pasado de Alemania "no me afecta en lo más mínimo".

Asaf Leshem, guía turístico de 36 años, dice que se vino hace tres años en parte porque tenía antepasados alemanes.

Visitó el barrio de Schoeneberg donde vivió su abuelo de niño, antes de emigrar en 1938, y el lote de la familia en un cementerio judío de Weissensee.

Leshem cree que su abuelo, de haber estado vivo, aprobaría su decisión.

"Los nazis gobernaron Alemania solo 12 años. Muchos judíos alemanes consideran que les sacaron el país", relata Leshem. "Tienen buenos recuerdos de Alemania, especialmente de su infancia, de los viajes al mar Báltico o de las salidas a nadar en los bosques de Grunewald".

Leshem se crió en Israel pero dice que se siente medio alemán y que le gusta la cultura alemana.

Para quienes añoran las cosas típicas de Israel, hay panaderías, bares, jardines de infantes y tiendas de comestibles para judíos. Además, Berlín es tolerante con los gays.

Udi Cohen, de 32 años, vivió en Europa y Estados Unidos por años hasta que decidió radicarse en Berlín. Abrió "Luigi Zuckermann", un bistró en el barrio Mitte donde vende sándwiches y ensaladas típicos de Israel.

"En Israel no podía funcionar. No encontraba trabajo. Aquí estoy bien y disfruto con la energía de la ciudad", manifestó.

Gal Bar-Adon, de 27 años, aprendió a tocar el trombón en Berlín y produce música bailable que se escucha en discotecas. "Israel es muy pequeña", expresó. "No hay demasiada audiencia para mi tipo de música".

Bialer dijo que, al margen de los atractivos de Berlí, para vivir allí hay que resolver los conflictos que pueda generar el pasado nazi de Alemania. Cuenta que toda conversación con alemanes inevitablemente abarca la era nazi.

"Puede ser algo fatigoso, pero liberador. No le quepa la menor dura de que, en algún momento, se habla del Holocausto", acotó.

Cuando los nietos de las víctimas se reúnen por primera vez con los nietos de los nazis, la experiencia es muy dura y sale a relucir el sentimiento de culpa de los alemanes.

Vivir en Berlín, por otro lado, ayudó a Bialer a tomar más conciencia de su condición de judía.

"En Israel no piensas demasiado acerca de lo que significa ser judío porque todo el mundo celebra el Sabat y Rosh Hashanah", declaró. "En Alemania comprendes que eres judía y que eres distinta a todo el mundo".

Vive la adrenalina de la 7ma temporada


Tu emisora... Parte de tu vida

TITULARES del día

Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes