Berlusconi busca nuevo protagonismo político en Italia pese a la edad y los escándalos

El magnate Silvio Berlusconi, tres veces jefe de gobierno, aspira de nuevo a un papel relevante en la política italiana, a pesar de sus 81 años, de sus escándalos sexuales y de una ineligibilidad sobre la que se pronuncia el miércoles la Corte Europea de Derechos Humanos.

"Entraré en el campo, como capitán o como entrenador, pero entro", anunció el multimillonario a propósito de las elecciones parlamentarias del próximo año.

Inhabilitado para ejercer cargos públicos hasta el 2019 tras la condena por fraude fiscal emitida en el 2013, por lo que fue expulsado del senado, Berlusconi basa sus esperanzas en el fallo de la corte europea.

El miércoles la corte tiene prevista una audiencia, pero que según los especialistas no llegará a un veredicto definitivo.

El "inmortal", como lo apodan sus amigos, encabeza hoy en día sus tropas con mucho entusiasmo tras la victoria obtenida en Sicilia a principios de este mes y las encuestas a favor de la derecha en toda Italia.

El regreso del magnate de las comunicaciones ha generado muchos interrogantes y buena parte de Italia se esfuerza por entender su resurrección después de tantas decepciones, escándalos, mentiras y metidas de pata.

"A una parte del electorado italiano le gusta Berlusconi, representa el 7 al 8% de los votos", explicó recientemente a la prensa extranjera el politólogo Giovanni Orsinna.

"Se trata del electorado moderado, que no quiere votar por la Liga del Norte (xenófoba), ni por la izquierda radical, ni por el movimiento antisistema Cinco Estrellas y que le queda solo Berlusconi o Renzi", agregó.

El exjefe de gobierno de izquierda, Matteo Renzi, quien renunció hace un año al cargo después de perder el referéndum a favor de una reforma constitucional, es criticado por varios dirigentes de su propio partido y tiende a dividir más que unir a la izquierda.

Pero no todo es tan fácil para Berlusconi. Su aliado clave, la Liga Norte, transformado en partido anti-euro y anti-inmigración bajo el liderazgo de Matteo Salvini, le quiere robar el protagonismo y liderar la coalición.

El desafío es importante. El Partido Demócrata (PD, centroizquierda en el poder) obtendría casi el 25% de los votos en las elecciones, mientras la formación antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5E), según las encuestas recientes, el 27,5%.

La derecha, unida con la extrema derecha y los xenófobos, que arrasó recientemente en Sicilia, sumaría el 35%, un porcentaje que no le garantiza el poder, ya que necesita superar el 40%, lo que Silvio Berlusconi considera un objetivo a su alcance.

Todo le sonríe al famoso octogenario, al que muchos comentaristas le han decretado varias veces su muerte política en 25 años de historia.

No sólo la derecha crece en toda Europa, sino que los jueces la semana pasada fallaron a favor de que su ex esposa, Veronica Lario, le devuelva 60 millones de euros. No se excluye que le perdone 50 millones en un gesto de magnanimidad típico del multimillonario.

El regreso del exCavaliere es sorprendente si se tiene en cuenta que hace un año estaba en declive, después de una cirugía al corazón, la pérdida de su amado club de fútbol, AC Milan, vendido a los chinos, y los ataques del francés Vincent Bolloré contra Mediaset, su imperio mediático.

El ave fénix de la política italiana renació de las propias cenizas: se sometió a una cirugía plástica que lo rejuveneció, adelgazó unos buenos kilos, se injertó de nuevo cabello y no teme maquillarse para aparecer en público.

"Encarna el sistema y el antisistema, la moderación y el extremismo", sostiene el politólogo Marco Damilano, director de la revista Espresso.

Nada lo doblega, ni sus líos judiciales, ni los escándalos por sus famosas veladas al ritmo de "bunga-bunga" con bellas jóvenes, que le costaron el divorcio y varios juicios, incluido uno por abuso de menor de edad.

Los italianos tendrán el derecho de decidir en el 2018 si todavía creen en la capacidad de gobernar del hombre que se vio obligado en el 2011, en medio de los abucheos, de soltar las riendas de una Italia que estaba sumida en una grave crisis financiera.




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